El cuervo
Algo fuera de lo común noto la señora Olinda Castro de Peluda, aquella tarde 28 de abril de 1.971, cuando salió de la cocina con una cubeta en la mano para sacar agua de la pila, donde la almacena, con un canal improvisado de tejas de zinc dobladas por la mitad. Recordó que, en verano, en la vereda alto de marta, Municipio de Villanueva, debe cargarla en un calabazo del pozo del perro. Un pequeño aljibe en el zanjón, en los límites con la vereda el limoncito. Cuando levanto la mirada al horizonte vio un cuervo que se posa en la rama seca del arrayán. Uno de los pocos árboles que aún existen en estas tierras áridas de Santander. Se quitó el sombrero de jipa y lo colocó de escudo protector contra los últimos rayos de luz del día. Quería comprobar si realmente el ave se paró en la rama. El cuervo pájaro de mal agüero. Se sintió sola con sus pesados años. Aunque no se lo dijo a nadie. Desde tempranas horas de la mañana Olinda...