El cuervo
Algo fuera de lo común noto la señora Olinda Castro de Peluda,
aquella tarde 28 de abril de 1.971, cuando salió de la cocina con una cubeta en
la mano para sacar agua de la pila, donde la almacena, con un canal improvisado
de tejas de zinc dobladas por la mitad. Recordó que, en verano, en la vereda alto de marta, Municipio de Villanueva, debe
cargarla en un calabazo del pozo del perro. Un pequeño aljibe en el zanjón, en
los límites con la vereda el limoncito. Cuando levanto la mirada al horizonte
vio un cuervo que se posa en la rama seca del arrayán. Uno de los pocos árboles
que aún existen en estas tierras áridas de Santander. Se quitó el sombrero de
jipa y lo colocó de escudo protector contra los últimos rayos de luz del día.
Quería comprobar si realmente el ave se paró en la rama. El cuervo pájaro
de mal agüero. Se sintió sola con sus pesados años. Aunque no se lo dijo a nadie.
Desde tempranas horas de la mañana Olinda Castro de Peluda estaba con
sentimientos encontrados de tristeza y temor. Recordó que su esposo había
salido temprano y ya era hora que estuviera de regreso. Entró a la sala y miró
detrás de la puerta. Allí su marido mantenía colgada la escopeta de Fisto. Le
brillaron los ojos como luciérnaga nocturna. La tomó con la mano derecha,
revisó que estuviera cargada y salió a pasos lentos pero decidida a cazar el
cuervo. Atravesó el corredor de la casa y entró al caney de paja. Apoyó el
cañón de la escopeta sobre la vara de cucharo blanco del caney. echa hacia
atrás él matador del fulminante. Mira el cuervo en la rama, cierra un ojo y
apunta al animal. Cree tenerlo en la mira y apretó el gatillo, explotó solo el
fulminante. Abrió el ojo para examinar. Justo entonces sonó el tiro. Fue tal el
susto que cayo patas arriba, sobre la pila de tabaco negro en reposo.
Agapito
Peluda Clavijo cuando cruzó la talanquera, entrada al encerrado de la casa.
----Escuché
el disparo muy cerca de mis pies.
Como gato
en casería se agacho y miro de reojo y alcanzó a ver el humo de la pólvora que
salía del caney. Se acercó sigiloso en cuatro patas. Despavorido y confuso. Con
su pantalón celeste, camisa caqui y un sombrero negro, con cinta blanca. Se
puso de pie lentamente junto a la viga del caney. Pego un grito que retumbó en
los oídos de la señora Olinda Castro de Peluda. Se levantó aun aturdida por el
sorpresivo disparo que hizo, y creyó fallido.
Aun así, logró reconocer a su marido. Y me preguntó ¿Por qué gritas
Agapito? Asustado Agapito Peluda solo atinó a decir. ¿Quién disparó?
El
disparo si, casi me muero del susto, pensó Olinda Castro, mientras se
incorporaba y mirando a su marido le dijo. ¿Dónde has estado?
Que susto
me diste, pensó Agapito Peluda. Y respondió cuando te vi creí que estabas
muerta.
Lo
estaba: el grito retumbó en mis oídos y
desperté…
---Todavía
es de día, afortunadamente. ¿Por qué disparó?
Olinda
castro se turbó un poco. Sin embargo, se abstuvo de comentar el incidente. Lo
invitó a pasar a la cocina y allí se reunieron con Carlina. La hija que
atemorizada al oír el disparo no se atrevió a salir.
Unas
horas más tarde todo transcurría en aparente calma. Luego de tomar la cena
entre alegres y asustados. Resolvieron que ya era hora de acostarse. La señora
Olinda Castro de Peluda salió de la cocina rumbo al aposento a arreglar las
camas. Agapito y Carlina permanecieron otros minutos en el lugar. Luego se
levantaron y salieron a tiempo. Agapito salió al patio por el lado derecho y
Carlina da la vuelta por el lado de la cocina con la idea de orinar antes de ir
a la cama.
Olinda
salió del aposento luego de sacudir el polvo de la estera del zarzo matrimonial
y el de Carlina. Recordando el cuervo, pájaro de mal agüero. Se dirigió al
patio, por detrás de la cocina entre pensativa y aún asustada. La noche estaba
en penumbras y solo a lo lejos se veía el reflejo de la estrella polar. Cuando
se alzó el vestido para acurrucarse a orinar. Carlina que estaba en ese mismo
lugar se levanta. Olinda alcanzó a ver el movimiento muy cerca de su nariz,
pego un grito de terror. ¡un espanto! Y salió corriendo…
---¿Dónde
mamá? Grito Carlina y corrió detrás de ella.
Con la
luz de una vela de cebo se reunieron los tres en la sala.
¿Cuál es
el aspaviento? Pregunto Agapito Peluda que entró de último a la sala y cerró la
puerta.
---Mamá,
gritó. Vi un espanto y me asusté.
¿Qué
espanto mujer?
Aun
asustada, pero con un aire de tranquilidad. Olinda Castro de peluda. Recordó
los últimos acontecimientos y sonrió nerviosa. Confesó que había confundido a
Carlina con un espanto. Salió corriendo y el espanto corrió detrás de mí. Y, sin
embargo, aunque le picaba la lengua. Trago saliva, no comento nada de el cuervo
pájaro de mal agüero. Y suspiro hondo.
Tengo
miedo, de tener miedo. ¡Ese pájaro de mal agüero! Pensó sin pronunciar la
palabra Olinda Castro de Peluda.
Antes de
irnos a la cama, vamos a rezar el rosario para espantar los malos espíritus que
están rondando la casa. Recordó Olinda Castro de Peluda, en voz alta. Y tomó de
la mesa un Rosario. Tal como lo hacía todas las noches antes de acostarse.
Dios te
salve María, luego de hacerse la señal de la cruz.
Consuelo
de los afligidos.
Rogad por
nosotros…
Al otro
día Agapito Peluda Clavijo, se levantó temprano y antes de tomar tinto, salió a
ver el buey de carga. El animal lo mantenía amarrado y lo mudaba con frecuencia
por la orilla de la huerta. Por el incidente del día anterior se olvidó del
animal. Cuando llegó al sitio, dos cuervos alzaron vuelo. Inspecciono el lugar,
un olor fétido muy fuerte; un vuelo de moscas le indicaron, los restos de un
zorro. Desayunando, estaban los cuervos. Buen trabajo, limpieza haces estos
animales carroñeros. Pensó en silencio Agapito Peluda Clavijo. Movió el novillo
a otro lugar, le palmoteo el anca y le rasco el escroto. Come ahí, le habló con
cariño al semoviente, mientras lo miraba pastar.
Alrededor
de las 5 pm, se reunieron en la cocina. Olinda Castro de Peluda decidió
adelantar la comida. Quería encerrarse temprano. El miedo y la visión del
cuervo pájaro de mal agüero, según la leyenda la tenía pensativa y asustada.
Agapito Peluda aprovechó para contar lo visto en la mañana. Los restos de un
zorro comían los cuervos. Los pájaros me asustaron cuando alzaron vuelo ante mi
presencia. Olinda Castro de Peluda. Recordó al cuervo pájaro negro de mal
agüero, La tarde anterior. Con los nervios de punta, se resistió a comentar los
malos presagios que ve en el pájaro de plumas negras. Siempre que aparecen,
pasa algo. Pensó en silencio.
Unos
disparos sonaron cerca de la casa. Olinda Castro se sobresaltó y Agapito Peluda
salió averiguar la causa. Miro al lugar, justo debajo del arrayán donde Olinda
castro vio el cuervo. Detrás de él lo siguieron su mujer y su hija. Dos hombres
salieron del lugar y se encaminaron por el zanjón que divide la vega de las dos
lomas de la finca. Olinda Castro de Peluda. Sintió un escalofrío que le
recorrió de los pies a la cabeza. Una media hora más tarde el ruido de una
ambulancia se acerca al lugar, junto con la camioneta de la policía nacional.
Unos
minutos más tarde decidieron ir al lugar. Allí unos vecinos y la policía observaron
un hombre tirado en el suelo junto a la cerca de piedra, lindero de la parcela.
Olinda Castro de Peluda. Venciendo el miedo se acercó al lugar. Dios mío, pensó
en silencio. Al ver el rostro ensangrentado del hombre sin vida. Un tiro de
gracia había dado en la cabeza de Filemón Malo Grueso. El propietario de la
finca vecina. Se retiró temblorosa del lugar. Tomó de la mano a Carlina, se paró
al lado de Agapito Peluda. Lo miro con tristeza y le comento en voz baja. El
cuervo que vi ayer tarde, en ese arrayan. Ese que dices que hace limpieza. El
cuervo lo anunció. Ahí mataban a un hombre, el vecino. Esta mañana lo vi subir.
¿Quiere que piense que soy tonta?
Quise al
menos espantar ese animal. El cuervo pájaro de mal presagio. Sin embargo,
fracasó el intento. Paz en su tumba don Filemón.
Unas lágrimas rodaron por sus mejillas…
Abril 10 2022
Manuel
Antonio Lizarazo Rodríguez
Agrónomo de
la UNAD.
Feel proud of yourself. ¡Siéntete
orgulloso de ti mismo!
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