La Niña Ana (Un Homenaje)
Diciembre 8 1920 mayo 2 2021
Bucaramanga, 22 abril 2022
- Recuerdo que un día le pregunté a
mamá ¿Cómo conoció a papá y por qué se casaron tan jóvenes?
- Hijo. Eso fue una aventura de su tía
Concha. Ella fue quien lo llevó a la casa. Se conocieron en el pueblo, hablaron
de amores y acordaron ser novios. Sin embargo, su tía se olvidó del novio que
ya tenía. Un día regresando con ese novio, ella no esperaba el nuevo novio, pero
él estaba ahí sentado en el corredor. Se metió en la cocina y no sabía qué
hacer. Asustada se le ocurrió la idea que yo la salvaría. Yo tenía 13 años.
Ella me dijo que llevara un taburete y me sentara al lado de Luis. Yo no lo
pensé, me peiné, salí con mucha vergüenza y me senté al lado de Aquel Hombre.”
- Sonriendo con picardía se fue a la
cocina y regresó con un pocillo de chocolate para seguir su relato.
- Como dicen los muchachos de ahora.
Fue amor a primera vista y antes de cumplir los seis meses de amores, nos casamos…
- ¿Así de rápido mamá?
- En esa época todo era rapidito.
Vivimos unos meses en casa de mi papá mientras hicimos un rancho en Capachera,
entre mis hermanos, mi papá y Aquel Hombre…
- ¿Aquel Hombre?
- No sé por qué hijo, pero nunca me
acostumbré a llamar a su papá por su nombre.
“Con Aquel Hombre,” fue lo que le dijo su nona a la tía Concha, “van a
tener líos”. Yo me quedé con esa frase de mi mamá, esa imagen, y ese hombre que
nunca había visto.
- ¿Y cuándo llegó el primer hijo?
- Nosotros no sabíamos, pero varios
meses después. En la rutina normal de un domingo, tomamos café y Aquel Hombre
se fue para Aratoca a vender los costales de fique. Unas horas después, estando
sola, sentí un dolor muy fuerte, tomé agua y me calmé. Lejos de pensar que iba
a nacer el primerizo.
- ¿Estaba embarazada mamá?
- Si hijo, pero no lo sabía. Los dolores
volvieron, sentía mucho miedo y solo daba vueltas alrededor del rancho
teniéndome con una mano de la pared, y con la otra sobándome la barriga. No sé
cuánto tiempo pasó ni cuánto caminé. Pero la naturaleza es sabia, me salvé de
milagro. Había roto la fuente y estaba llena de sangre. Entré asustada al
rancho, me tiré en la estera, y me quité la ropa interior como pude. El dolor
era terrible y aumentaba. Yo no sabía que estaba teniendo contracciones más
fuertes y seguidas. Como por instinto empecé a pujar y perdí la noción del
tiempo. Asomó la cabeza un bebé y así lo vi deslizarse entre mis piernas hasta
que rodó al suelo. Quise recogerlo, alzarlo, arrullarlo y darle pecho. No pude,
me desmayé y no recuerdo más.
- ¿Y entonces qué pasó mamá?
- Cuando desperté en una cama, como de
un sueño muy profundo. Estaba muy adolorida y percibía un olor intenso a
alcohol, con ciertos medicamentos. Confundida y solo atiné a gritar ayuda,
ayuda, ¡por favor! Una mujer de blanco se acercó preguntando qué eran esos
gritos. Pero yo solo decía ¿dónde estaba mi hijo? Y ella muy indiferente decía
que no había ningún niño, que yo había llegado sola sin crio. Estaba muy triste.
No entendía qué había pasado y quería volver al rancho. Unas horas más tarde
apareció Aquel Hombre.
- ¿Papá?
- Sí, su papá. Me dio la mano y se la agarre
fuertemente para preguntarle, ¿dónde estaba mí hijo? El solo me dio un beso en
la frente y dijo que el niño ya no estaba con nosotros. Después me contaba qué
había ocurrido, pero que por favor descansará. Salí del centro de salud unos
días después y regresamos a caballo. Yo intenté durante todo el camino qué
Aquel Hombre me contara que había ocurrido. Llegamos al rancho y le dije que no
podía más, que me contara. Se sentó en el suelo contra la pared, bajó la cabeza
y empezó hablar en voz baja.
- No quiero contarle, pero me está
obligando. Cuando llegué, usted no estaba en la cocina. La puerta del rancho
estaba abierta y entrando vi una imagen aterradora que me dejó estupefacto.
Estaban los dos tirados en el piso, el niño y usted. El niño parecía una bola
negra cubierta de hormigas. Era como un hormiguero afuera del nido. Las
hormigas se ocuparon del niño, pero a usted no habían tocado. No sabía qué
hacer. Le retiré un poco y corrí donde el suegro para buscar ayuda. Así
logramos llevarla al centro de salud, y la suegra se ocupó del cuerpo del bebé.
El resto de la historia no la sé.
- No sé qué decirle mamá. Eso fue muy
duro. Para usted que era una niña, la niña Anita. ¿Qué hizo mamá?
- Nada, Hijo muy duro. Aún no sé cómo
lo superé, pero así empezamos esta familia. Una familia numerosa donde nacieron
muchos y se criaron pocos.
- ¿Cuántos mamá?
- Dieciocho hijos. Los dos siguientes a
Manuel, aquel bebé, también murieron.
- ¿A Manuel?
- Sí Manuel. Así habían bautizado al
bebé que murió. Los dos siguientes fueron prematuros y murieron. Para no
alargar el cuento, tuve cinco abortos y seis bebés muertos después de unos días
de vida. Los que me quedaron fueron siete que se salvaron de la muerte. Usted
fue el sexto que nació y el tercero que sobrevivió. No sé por qué, pero como si
no hubiera más nombres, repetimos el mismo nombre como reemplazando al primer muerto.
No me gustaba esa idea, aunque respondía póngale el nombre que quiera porque el
muerto ya no resucita, mijo. Sólo queda el recuerdo en la alcancía olvidada, en
el cuarto de los trastos.
Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez
Agrónomo de la UNAD.
Feel proud of yourself. ¡Siéntete
orgulloso de ti mismo!
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