Pedalazos de Aventura

 


 Puerto Wilches - Lebrija - Bucaramanga

Palomino programó la ruta, Puerto Wilches Lebrija: doblete al que se apuntó Lucho Peña: (250 km) Dos ciclistas jóvenes a otro nivel del grupo: “Reyes del ciclismo” más veteranos que jóvenes. ---Los acompaño de ida y aprovecho para ir a Bucaramanga y los demás de vuelta en el bus.

----¿Siempre vamos a ir el 24? — Pregunta Palomino.

Estamos entrenando, para ir, si no se presenta un cólico pasajero a última hora, vamos…

---- Espero no se eche para atrás el festivo que iremos a Girón o Lebrija.

Yo, regresare con Palomino Dios mediante. El regreso ya debe ser más suave. Dice lucho en un mensaje de texto al WhatsApp.

----Esa ruta ya la tengo agendada, lunes 24 marzo festivo 4:00 am en pollo uff.

Le respondí, seguro de la disciplina con la que ruedo con frecuencia.

----A ese ritmo que andamos hoy, está bien, se puede ir un km más arriba 28 – 30 o no, así está bien para no degastar tan rápido, escribió lucho.

Como no hay plazo que no se cumpla ni mula que no pateé. Llegó el día, “es hora de partir, saber que sí, nos volveremos a ver” … 3:50 am chifló Alfredito en la puerta de mi casa. Ya estaba listo, me levanté de la silla, cerré la puerta monte en mi bicicleta de gravel como un caballito de acero y partimos en dos ruedas por la calle quinta, “a paso de Yuma” rumbo al punto de encuentro. 4am, aún falta el señor Severiche y Don Freddy.

----Don Freddy canceló por problemas de salud, Severiche si saludo en el chat. Dijo Don Ricardo.

-----Eso se sabía, una ruta larga, corre, corre que te alcanzo. Empiezan a sudar las manos, la respiración se acelera y el estómago, al momento cólico, manda directamente al escusado. Dijo Lucho luciendo una leve sonrisa. Que todos acompañamos con cierta picardía. Justo aparece Severiche y se dio la partida.

Primera para en el alto de Pénjamo. Es hora de orinar y de paso esperar los rezagados. Uno solo el más veterano quizá. Con un reloj en la muñeca y una banda en el pecho que envía la señal. Control de frecuencia cardiaca. En un descuido perdió la rueda, la mañana sigue a oscuras, porque el alba aún no muestra las primeras luces del día.

-----Aquí esperándolo don Lizarazo… Dice Chucho, quizá el más joven del grupo.

Haber orinado, aprovecho para consumir un banano con bocadillo y parto enseguida a un ritmo progresivo hasta que alcance 27/km/ hora. Ritmo que mantuve hasta la entrada de Sabaneta como cabeza del lote. Allí paso don Ricardo y Palomino a poner el ritmo y me resguarde en el último lugar. La velocidad aumento a 30 km/hora y pronto llegamos a la Lizama y volvimos a parar en la fortuna. Reagrupados de nuevo, nos hidratamos y seguimos hasta tienda nueva donde tomamos el desayuno. (caldo de costilla). Muy demorado el servicio, mala la atención, pero ni modo. Al mal tiempo buena cara. Sin embargo, el caldo estaba bueno.

----Aquí nos quieren pegar, Los espero allí. Dijo lucho y salió como “alma que lleva el diablo”. Más de media hora después partimos y el señor Palomino se desconcentro y se le voló la paloma, sin llevar el bidón. Dos kilómetros adelante lo echo de menos. Ni modo sin pensarlo dos veces salto el separador de la doble calzada y se regresó por el preciado líquido. Indispensable en la ruta y más ahora que viene la montaña. Paramos en el puente sobre el río Sogamoso, a esperar a palomino. Justo donde el homo sapiens se le ocurrió la brillante idea de unir las montañas con toneladas de concreto y “represar las aguas de los ríos Sogamoso y Chucurí. Inundando cerca de 7.000 hectáreas, casi la extensión del municipio de Floridablanca”. Obstruyendo la subida de los bocachicos y dejando a los rivereños, río arriba sin posibilidades de pesca. Aquí aprovechamos para la foto del recuerdo. El ciclista recreativo es más fotógrafo que escarabajo.

Severiche le sugirió un poco tarde a Chucho.   ---- Vaya, vaya echando, que estás un poco pesado para escalar la montaña. Y el hombre partió; un minuto después llegó Palomino y empezó el ascenso. Lucho y Palomino rápidamente adelantaron a Chucho, seguidos de cerca por Ricardo. A la entrada del túnel, Severiche adelantó también a Chucho y, al pasar por el segundo túnel… Lucho era cabeza del lote y Chucho, la cola de pescado. En la renta nos esperaron, aprovechamos como zona de alimentación y veinte minutos luego partimos sin llegar Chucho.  ----Palomino, nosotros vamos hasta el aeropuerto y recuerda que regresamos hoy al puerto. Dijo Lucho y partimos a ascender 9 km más o menos que nos separan del puerto de montaña, allí en el caserón de piedra cerca de Portugal, corregimiento de Lebrija. Y no volvimos a ver a Ricardo, Palomino y Lucho sino cuando llegamos a Lebrija. En el sitio conocido como el guanabanazo.  -------Vamos a tomar jugo aquí, yo invicto. Dijo el Señor Severiche y paré con alegría. Las piernas empezaban a doler y el sufrir es propio de ciclistas libres del mundo. ------ Paremos, que también vinimos a divertirnos subiendo esta montaña, dije. Con Alfredo entramos y disfrutamos un jugo blanco como el algodón y agridulce como la carne oreada de la casona de Juan. Veinte minutos y el señor Chucho no llega.  -----Vámonos… Dije mientras tomaba el manubrio de Anita, nombre de la bici que me lleva en dos ruedas. -----Es posible que Chucho esté ya de vuelta a casa en Sotrasmagdalena. Los dos ciclistas sonrieron y Severiche dijo: ----- Nada de raro, esta ruta está dura, dura… Iban a ser las doce del mediodía cuando llegamos a Lebrija. Severiche recibió una llamada de Lucho.  Estaban en el parque principal y nosotros en la venta de frutas disfrutando una piña oro miel. Después de más o menos 120 km y también por cuenta del señor Severiche. ------Cuánto vale la piña? Pregunte. $10,000 pesos. Dijo el señor.  ----¡Muy cara, señor, no somos turistas!  -----Una piña grande. ----Tranquilo señor Lizarazo, yo pago.

Allí aparecieron Lucho, Palomino y Ricardo rumbo al restaurante en la orilla de la vía. -----Van almorzar, yo no tengo hambre todavía. Dijo Alfredito. Le choqué el puño a estos dos veteranos del pedal y seguí rumbo a Bucaramanga, me separan más o menos unos veinte kilómetros. El grupo se dividió. Dos regresan en la bici a completar la aventura. Lucho 250 km y Palomino se queda en Cayumba más o menos unos 180 km. Chucho que a última hora llegó, fue el primero en regresar en el micro bus de Sotrasmagdalena. ----- Por $30.000 lo llevamos y la bici no se le cobra. Alrededor de la 1:30 pm. El resto de escarabajos se embarcaron en el bus de coontransmagdalena.

Puerto Wilches – Bucaramanga. 7 horas 1 minuto, promedio 20 km/hora. En los últimos 20 km faltaban las emociones, descargar adrenalina. “Nuestra vida son los ríos que van a dar al mar; que es el morir” Subiendo al peaje las piernas ya cansadas con dolores musculares que no permitieron avanzar rápido. Toco lento entre 8 y 9 km/hora. Una vez en la cima, creí ingenuamente que terminaban los dolorosos y empezaban los gozosos. Viene el desquite, ¿no? Necesito aquí las piernas para rodar a alta velocidad y así sucedió como “todo lo que está bien en mi mundo”, frase de Luisa Hay. Fue una escritora y oradora estadounidense. Uno de sus libros titulado El poder está dentro de ti. En pocos km, la aguja señalando 50 km/hora.

Suficiente velocidad para descender estos 6 km. Pensé en el silencio de un sol abrazador, a pleno medio día. Apretó las palancas de los frenos para regular la velocidad; creí en ese momento que esa era la velocidad prudente para bajar en medio del trágico vehicular. ¡Oh! Sorpresa. Los frenos no responden y mis manos sudan copiosamente; la “respiración se acelera y se corta como si el aire se escapara a bocanadas”. La velocidad alcanzó los 70 km/hora. Allí, se detuvo la aguja y seguí bajando como piedra peña abajo. Mientras mi mente seguía repitiendo como en un disco rayado. “T o d o   e s t a  b i e n   e n   m i   m u n d o”. Por suerte, la decisión de seguir avanzando, adelantando camiones, vehículos pesados y automóviles, sin quitar la mirada del asfalto. Con el rabillo del ojo, soñaba ver un desvío por la montaña; sin embargo, mi única opción era seguir bajando como alma que lleva el diablo. “Todo está bien en mi mundo” produjo el doble milagro. Primero, mantener la bicicleta a 70 km/hora, con las palancas de los frenos apretadas; tanto que me dolían los dedos. El segundo milagro cuando esa presión logro bajar la velocidad a 60, 50, 40 y 35 km/ hora cuando tomo la curva entrando a Girón. Una vez en el plano, solté las palancas y la velocidad bajó a 25 km/hora. Volví a respirar hondo como despertando de un sueño. Cansado, con las piernas temblorosas, pero vivo y feliz de estar vivo y, por tanto, aquí. Contando este cuento. Puerto Wilches – Lebrija – Bucaramanga. Pedalazos de aventura, quizá como un cuento de hada madrina que apareció a ayudar…

Vivir el momento como si fuera el último, con alta intensidad. Consciente de que la vida pende de un hilo invisible, en el ojo del huracán. Listo para dar su puntada final.

----- 6:38. Acabo de llegar, señores. 250 km. Escribió Lucho después de 30,040 pedaladas. Y de nuevo en casa, sano y salvo. Un poco de sudor como gotas rueda de su frente. Una manta en el piso y relajado hasta las 4. 00 am del martes 25 de marzo. Todos felices sin comer perdices. Con el trofeo simbólico de campeón de gran fondo.

Felicitaciones Lucho, campeón de la ruta casi igual al gran fondo. 2025 milano – San remo. Recorrido de 289 kilómetros. Al final de la jornada: todos cumplimos. Y sumamos km a nuestra meta personal. (12,500) para el 2025.

 

Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez

Agrónomo de la UNAD.

Comentarios

  1. la vida es una colcha de historias, y ésta, con bielas y caminos tornó agradable leerla.

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