Los santos inocentes.
Por
el camino real de Barichara a Bucaramanga, paso obligado por Villanueva, Jordán
Sube y la Mesa de los Santos; arrieros santandereanos dejaron huellas que
turistas nacionales y extranjeros vuelven a pisar como siguiendo el rastro a los
Inocentes.
----Esta
arrecha la joda para conseguir una cerveza por estos lados.
Decía
Luis Emilio Herrera Lizarazo: antes de llegar a la parada de tres esquinas,
justo al medio de la peña, morro azul entre curvas peligrosas y
palomulatos/resbalamicos.
----Apúrele
que vamos tarde; el rato que mantuvimos aplastados, arreglando las cañas pa las
flautas en la quebrada Clavellina, nos demoró más de la cuenta.
Le
respondió Benito Ballesteros Rondón, mientras con el zurriago en madera
guayacán y rejo trenzado amenaza las mulas para que apuren el paso. Muy cerca
les sigue detrás don Javier Sarmiento Enciso.
Tres
campesinos que vieron por primera vez la luz del sol, entre peñas y
cují/trupillo, cuyas semillas y frutos son el forraje preferido por las cabras
santandereanas; en la vereda de Hato Viejo, en medio del cañón del Chicamocha.
Tres cultivadores de tabaco negro, tres músicos carrangueros y tres soñadores y
pioneros de la celebración del día de los Santos Inocentes.
Aquí
en Santander, un pueblo muy bonito. Es mi Villanueva, lo van a saber…
Que
viva Hato Viejo: cantaba Benito Ballesteros Rondón.
Más
de una docena de residentes de la vereda hato viejo, cuentan sus historias de
vida en el libro “Los inocentes” del escritor santandereano Pedro J. Chacón
Áriza. Algunos no los recuerdo, en cambio otros como Leónidas y Francisca
Fuentes Macias: compartimos momentos deportivos y años en el colegio. Cuentan sin
tapujos, no recordar cuándo inició esta celebración, pero todos recuerdan haber
jugado de niños a los Santos Inocentes, una celebración muy bonita, quizá con
más de un siglo de tradición en la vereda Hato Viejo. Nada que ver con la
versión bíblica de Herodes el Grande. “Quien intentó matar a Jesús” (matanza de
los inocentes).
Todos
concuerdan en afirmar que un grupo de hombres, ya veteranos, se disfrazan el 28
de diciembre, formando una comparsa. Comparsa que representa una familia,
integrada por una pareja de viejos (vieja-viejo) y una muchacha. Una muchacha
parrandera y bailadora por pasión, que la vieja fingía cuidar y el viejo, armado
de un machete de madera, atento cuidando a su hija. Cuando un pretendiente se
le acerca, se le lanza y a punta de plan lo espanta. Y como es un juego, con
fuego en la cabeza de un toro, con cachos genuinos y con un cuerpo en madera, en
escena. Entonces salen varios
pretendientes, detrás de la muchachona y la van cortejando: cuando ven al viejo
con machete en mano, corren evitando el planazo. Un conjunto de diversión
campesina, mientras propios y extraños bailan al son de la música de percusión,
viento, cuerda y las maracas, instrumento de golpeteo. Para seguir animando la
fiesta. Se fueron incorporando personajes como el mismo diablo, que un día “se
cayó al agua”; un cura como el de la parroquia: quizás, leyendas católicas del
bien y del mal. El bien sí cumple la promesa de obediencia a la Santísima
Trinidad y el mal sí le da por el libertinaje y vida alegre. Vida alegre que se
vive todos los 28 de diciembre, ya como una tradición cultural de los hatovieajanos,
que todos los años recorren los caminos de las veredas y el mismo centro de
Villanueva. Dónde “todos los domingos salen a pasear: lindas campesinas, bellas
colegialas” …
-----¿Qué
pasó, mano? ¿Cómo le fue en la fiesta de los Inocentes?
Las
mujeres, aunque siempre han sido protagonistas, en tan importante celebración
para la comunidad de Hato Viejo Jordán Sube y Hato Viejo Villanueva. Encargadas
de la preparación de las bebidas, para refrescar a los actores y espectadores.
Entre ellas se destacan la chicha de maíz amarillo, limonada y agua de panela
para los niños. En los últimos tiempos su participación ha sido más activa,
especialmente en la parte organizativa y la logística, antes y dentro de la
celebración de los inocentes. Jornada que inicia alrededor de las 8 a. m. y generalmente
termina en el local de la escuela, el 29 de diciembre, en horas de la
madrugada, cuando el gallo anuncia la llegada del alba y la despedida de las
sombras de una noche de parranda, y la parranda es pa amanecer…
----Mucho lo bonito, estuvo la fiesta de los
inocentes en Hato Viejo, mano.
Celebración
a la que hoy acuden todas las colonias, de distintos municipios de Colombia.
Salen a vacaciones el fin de año y a chamuscarse con ese sol decembrino, que
ningún año falla. Quizá la colonia más numerosa, la colonia de Barranquilla,
seguida de la de Barranca, Bucaramanga. Y desde luego, en los últimos años
cuenta con la presencia del chocatón jullero, los hermanos Monroy, los k
Ramones entre otros: y de otros que se me escapa el nombre artístico; la memoria
del viejo siempre le da por jugar una mala pasada, como decía mi madre: memoria
de gallina saraviada, pone el huevo y sigue echada.
Este
año me voy a dar por invitado y me camuflo entre propios y extraños, entre
niños y niñas, entre viejos y viejas. Quizá como los mismos inocentes, en medio
de la celebración decembrina. ¡QUE VIVA HATO VIEJO, MANO!
Voy
a echar una copla coja.
Mientras
bailo con la muchachona.
Con
una totuma debajo del brazo
y
la chicha en una “cona”.
Manuel Antonio Lizarazo
Rodríguez
Agrónomo de la UNAD.
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