La vieja de los perros como Satanás una utopía

                                                                


                                                       

Se lo pregunté a los vecinos y también a Raúl Gómez Quintero. Mientras deambulaba a pasos lentos. Los trotes de mi niñez. Entre las “chambas” término coloquial para nombrar las zanjas. Excavación larga por las calles dónde enterraron la tubería; que conducirán las aguas negras. A, la pequeña quebrada del carrizal. Única en estas tierras rojas y amarillas de Villanueva. Como el crepúsculo del verano. El un poco delgado por el peso de más de setenta años a cuestas. Elegante y vanidoso con su bigote bien poblado. Con una sonrisa amistosa de un hombre curtido en los juzgados de Colombia.  Ahora es un escritor de crónicas como la del conde de Cuchicute y Guanentá. Y como la pluma vuela el libro. Villanueva de la violencia al desarrollo. Dr. Raúl. ---Le pregunto. ---¿La historia de la señora de los perros es verdad o una leyenda?

--Misia Bernarda fue un personaje pintoresco, que se ganó el cariño de la mayoría de los pobladores. Caminaba por las calles rodeadas de sus perros. Unas veces adelante y otras, generalmente detrás de los pulgosos. Como una sombra profesional cuidadora de esos animales. Que en aquella época no existía ese oficio. Hoy abundan en las grandes ciudades. Se ven pasear por los parques con una tracalada de canes encadenados. Esclavos de sus amos zotes.  Mientras que, a la viejita de los perros, como le decíamos con cariño. La seguían con instinto de amor con rosal perruno. Por algo se le conoce como el mejor amigo del hombre. Bueno y también de la mujer por aquello de la equidad de género. Y a quien seguían los perros era a esa, viejita la rodeaban como la abeja real a la flor de caracolí

Vestía una falda quizá de origen negra y una blusa quizá blanca. Por el tiempo de uso y con poca agua y jabón para lavar. Allí donde abundaba la pobreza. Resalta más las manchas curtidas por el sudor y adornadas con el polvo amarillo del camino. Con el pelo recogido con un cordón. Y algunas veces con los cabellos sueltos. Luciendo ya sus canas como rayitos de luna. Quizá con el mismo gusto de Gloria Trevi. Tal vez nunca lo imaginó. Ni la una ni la otra. Con la pata pela, como dice la canción de Nado Narváez: “viven siempre con la pata pela”. Era la cliente número uno de los peseros. Pasaba su mochila de fique de mesa en mesa. Con gorditos y hueso blanco. De vez en cuando uno carnudo de cadera. Así, bajaban bandera los carniceros. Ya, completa la proteína con la que se alimentaba con amor. Su vida perruna y casi humana. Perros que la acompañaban en la noche y en el día. Formando un conjunto universal como mancornas. En las calles amplias y polvorientas de Villanueva Santander. En aquel entonces. Hoy pavimentas con la cultura del cemento gris. Y por donde, se pasean las carrozas con las reinas de las diferentes colonias. En agosto. El mes que se realizan las ferias y fiestas del retorno. Se toma guaro tres nata y se baila al son de una copla coja     



Cómo satanás es quizá el jefe de la manada y luna la perra más juguetona y prolifera. Encabezan el grupo. Una utopía de los firulaís, que acompañan a doña Bernarda a todos los lugares del caserío por donde transita con alguna frecuencia. Con amor ama a sus perros como si fuera él otro yo/ con yo. Ahí recibió el remoquete de la vieja de los perros. Hoy la recuerdo como un personaje que se ganó un lugar en la historia de Villanueva y una estatua de piedra. Monumento que adorna el parque principal. Frente a la ceiba, al lado del campesino. También en piedra, luciendo su sombrero y el “mocho” en cavado. Como le decían o quizá le dicen todavía al azadón. Herramienta número uno para desherbar las matas de tabaco negro. En aquella época. Hoy cultivo alternativo de la piña oro miel; en Villanueva Santander. La que desplazó la paja de loma y pobló estas tierras áridas de Santander. Piña para la niña/ mora para la señora/ agua caliente para la vieja de los perros// Aguardiente pal chocatón fullero/ y a bailar con la patrona// Que viva hato viejo/ con sus matachines/ el día de los santos inocentes.

Hoy conservo un recuerdo lejano. De la vieja de los perros. Como un cuadro de Picasso fuera de las galerías. (el sueño) Y al alcance de cualquier chocatón fullero. Que solo conozco en las redes, símbolo cultural y artístico de Villanueva. Un producto tipo exportación, mucho lo bueno. ¿Qué tal, mucho lo pingo, o no?

Como recuerdos son recuerdos. Por esa misma época otro cuadro artístico. De otro personaje. Como reza el refranero: “cada loco con su tema”.  El viejito Luis Polla. Luciendo su barba blanca bien poblada y con los trapitos entre un costal al hombro. Se paseaba los domingos, día de mercado, por la calle real. Como bordón sin rejo.

Unos años después apareció otro personaje. Como dice la canción. Los Gotereros.  ---Hombre estoy viendo una cosa en este pueblo no se puede tomar trago porque hay muchos Gotereros”. Y se la pasaba los domingos recorriendo de cantina en cantina, de tienda en tienda. Miraba las botellas en la mesa. No aguanta la tentación y se tomaba los cunchos. –No te burleess, que está haciendo mucha “sequia”. Adivina adivinadora, con esta información quién es. Sí, sí señor-a, “el bobito Gabriel Macías”, el que decía: ---no te burleess.  Y seguía en la búsqueda de otra botella con otro cuncho. Hasta que un día se “topo” con un tipo intolerante, violento. Quien sacó el arma y le partió el corazón de dos balazos. “Quizá como dios porque no lloro o tal vez como el diablo, que nunca reza” … 

“curizo”

Es posible en un pueblo que no, falte el personaje para hacerle la befa. Apareció Mauricio más conocido como “curizo” apodo que le dieron al muchacho un tanto especial. Quien estoy seguro nunca leyó la biblia, porque no sabía leer. Sin embargo, practicaba las enseñanzas de Jesús. “el que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos”. Madrugaba a servir. Hacía aseo en la oficina de contra san Gil, ayudaba a descargar el fique de los camiones, a cargar los bultos de sacos, hacer mandados de casa en casa, sacar a la abuela al parque en la silla de ruedas. Siempre se mantenía ocupado todas las mañanas. Vivía de las limosnas que le daban por su trabajo. Y en las tardes para la guarapearía. A tomar guaro y hacer el, hazme reír de propios y extraños.

Dormía donde la noche lo cogía. Sin embargo, un día murió un tío. Se bañó, se puso la camisa negra y se fue al velorio del difunto. Allí se encontró con la muerte. Acompañado a su tío. Se enamoró cuando la vio ahí sentada. Con la balanza en una mano, símbolo de la justicia. y en la otra con la vara que mides. Serás medido. Entonces, él la tomó de la mano y se la llevo a su casa. Se metió con ella en la cama como si fuera su amante. Él la abrazó con el corazón, le dio un beso en la frente fría como un granizo. Cerró los ojos y se quedó profundamente dormido como la muerte es, en el silencio de la noche de color oscura. Nunca más despertó, a la vida. Al otro día su mamá. Entró a la pieza y lo llamó al desayuno. Salió a la cocina a servir el chocolate. Como Mauricio no se levantó. Le causó curiosidad, porque siempre se levantaba temprano. Fue de nuevo y lo sacudió con cariño maternal. Lo encontró como a don Gollo. Muertecito. Solo que no estaba en el arroyo sino en su cama. Durmiendo el último sueño, justo en el lugar y la hora indicada. Como dios manda// Quiero calmar esta sed/ que la muerte despertó/ con llamas de amor eterno// No sé de dónde vengo no sé "pa" donde voy/ al diablo con la muerte infernal/ el cielo azul, se nublo gris/ con el viaje de “curizo” / como la vieja de los perros/ con el pelo suelto y la pata pela.

Las muertes de estos cuatro locos como la de “Federico o el poeta que nunca murió”/ quizá están arriba del horizonte azul/ donde viven los ángeles/ como san Gabriel arcángel/ a lo mejor sin cerveza/ acaso sin los trapos al hombro/ tal vez sin el guaro tres natas/ posiblemente sin el amor de rosas perruno/ pero lejos muy lejos del báratro/ “deleites vacíos” // Libres de la befa que les hacían/ los avispados de este mundo/ donde pagan justos por pecadores/ como los niños de gaza/ necesitan ayuda y reciben pólvora negra/ explosivos de la muerte/ disparados por el pueblo/ elegido por dios/el de la tierra prometida/ ¿justa guerra en medio oriente?

Un sabio dijo. “La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz”.

 

Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez 

Agrónomo

UNAD

3208364315

            




Comentarios

  1. Apreciado Manolito. Sus agradables relatos llenos de nostalgia pueblerina, nos transportan a los villanuevas ya viejos, a recordar bellos momentos de inocente infancia. La viejita de los perros, curizo y Luis polla son tres de los muchos personajes de aquel entonces. Con este último pugnaba la Pata Andrea y con Curizo lo hacia el mudo de Macaregua; pero la viejita de los perros era singular por su compañía canina permanente y de por sí ejercía una repulsión natural y espontánea, no tanto por los malos olores expedidos sino por el temor que infundian sus siempre hambrientos cCanes. Gracias manolito por su agradable recorderis.

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  2. Acabo de leer al pueblerino niño que en su vejez hila recuerdos de antaño en un costal de nostalgia cuyas venas dejan en el relato un guarruz endulzado con el goce estetico de la narración explicativa de los bobos serviciales que tuvo el pujante municipio de Villanueva que, a un par de ellos, homenajearon con un monumento en el parque.

    Esta vez encontré una combinación de chunchos de narrativa personal enlazada con versos de conocidas canciones con datos de personajes despreciados pero reconocidos y personajes del hoy mas conocidos en las redes que en su propia tierra. Las tierras de Villanueva en donde con el trabajo placentero del campo sembrando y cosechando tabaco se despertaron dos tejedores de palabras escritas, uno de talante académico e histórico y el otro con su mocho, ya casi lo cambia por la berlina desyerbando, aporcando y abonando sus relatos traídos del ayer para que no pierdan en la totuma del olvido del quehacer cotidiano en el que anda Villanueva. Ya puede sentirse fullero, manuelito, como le reconoce Raúl Gómez Quintero.

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