Capitán de Soles a Capotera

 

Todavía recuerdo el día que lo conocí. Vestido con camuflado verde militar, hablando con mi padre. En la vera del camino, del puente a las margaritas. Era domingo y yo todavía estaba debajo de la cobija de lana gris, como soñoliento aún. Cuando Custodia, mi mamá; me llama. Levántese Nauro, tu padre quiere relacionarlo con el capitán del ejército. Sin preguntar tiré la cobija y me puse de pie. Vestí una camiseta roja, me calce las alpargatas de suela de cuero, me coloque una gorra tipo militar y en tres zancadas alternas, acudí al llamado de mi padre, como el mejor niño obediente. Nauro, el Capitán. Dice mi padre.  Y el capitán me tendió la mano y me dio un apretón fuerte. Sacó una tarjeta y me la enseñó y dijo. Tómala, te espero la próxima semana en el batallón Nueva Granada, en Barrancabermeja. Y allí resolvemos tu situación militar.

Ocho días después llegué a Barrancabermeja y me hospedé en el hotel Pipatón. Al otro día me presenté en el batallón de artillería Nueva Granada; entre alegre y asustado. A las ocho y treinta de la mañana, llegue más puntual que novia fea. Sin embargo, poco a poco fueron llegando muchachos y media hora más tarde, todos trotando en el patio del batallón. Bajo la orientación del militar. Nauro: dice el Capitán. dos pasos al frente, ahora saltando con las manos estiradas, luego cambio de ejercicio, dice, diez flexiones de pecho. Empezando: un dos, más rápido huevón, que el ejército es para hombres fuertes. Me dio una patada suave en el culo y dijo: levántese, cabrón que usted no sirve ni para tacos de escopeta de fisto. Me largó un papel y dijo pase al médico y entrégale esta nota. Además, aquí tienes $20.000 pesos, para que regrese al Puente y me saluda a su taita. Así fui descartado para prestar el servicio militar obligatorio, como una semilla de maíz pequeña; inútil para la siembra. En ese entonces teniente efectivo y comandante de reclutamiento, facilitando la libreta militar a quienes hablaban con la sencillez de campesino Santandereano.

De regreso a casa recordé que mi padre me contó. Que por azar o coincidencia el capitán de soles, nació el 9 de abril de 1948, unas horas después o durante el asesinato del caudillo de pueblo, Jorge Eliecer Gaitán. Tres disparos acabaron con la esperanza de un pueblo y estalló la revuelta, llamada el Bogotazo. En una bahía camino al morro, nació y vio la luz. Hijo de campesinos cultivadores de papa que suben y bajan de regreso por el camino que une a Puente Nacional con Saboya.

Me contó mi padre, que a los 8 años cumplidos asistió a la escuela rural de la vereda y allí iba caminando todos los días hábiles de la semana, recorriendo alrededor de 10 kilómetros por el sendero, como mula de carga. En verano camino polvoriento; bajo la inclemencia del astro al sol y en invierno lleno de lodo resbaladizo y charcos por la pisada de bestias y campesinos que frecuentaban el mismo camino. Recorrido que hizo, hasta cuando terminó la primaria. Capotera, era el mayor de seis hermanos, que por cosas del destino se quedaron huérfanos de padre cuando el último de sus hermanos aún era un niño de brazos. Sin embargo, esto no le impidió ser el primer hombre de la vereda, en ingresar a la escuela militar de cadetes, donde con disciplina y coraje alcanzó el grado de capitán del ejército de Colombia.

Arquímedes dijo: “Dadme una palanca, un punto de apoyo y moveré el mundo” Pero el punto de apoyo del Capitán, eran sus principios y la palanca nunca llegó. Entonces con el pulgar hacia abajo, lo llamaron a calificar servicio. Pero el hombre alto, fornido y con un rasgo físico parecido a mandíbula; recordando al humorista de sábados felices. No se dio por vencido y pensó. “Zapatero a tus zapatos”. Allí sin resentimiento abandonó sus prendas militares con insignias y estrellas, sable, fusil, munición, morral y la vida social del club. Y así, regresó a la civil. Pero antes de abandonar la ciudad, pasó por un almacén agropecuario y adquirió su nueva dotación: Machete, azadón, pico, pala, sombrero y en especial una capotera. Dejando atrás la vida ostentosa de militar con dos soles, para volver con humildad al campo. Y allí está de nuevo tras las huellas del abuelo paterno y la de su padre, campesinos del altiplano boyacense. Como perro cazador “chapola”. Sabueso fino colombiano, siguiendo el rastro. En compañía de la señora Zenaida, su madre y se convirtió en tutor de sus hermanos. Haciendo uso de buen retiro.

El excapitán ahora lleva una Capotera; alto, con cara alargada y nariz ancha como para una rinoplastia, con ligero rasgo español y hablado con voz musical como salidas de un instrumento de viento. Trepa a pie con pasos empinados y dinámicos y baja con el impulso de la pendiente. En ocasiones a caballo recorría el camino y recordaba sus años de militar, con añoranza, pero sin resentimiento por sus superiores.

Fue miembro del batallón de ingenieros del ejército. Destacándose en su carrera militar en la construcción de carreteras, con sus obras de arte complementarias que le alargan la vida a la vía. Construyó puentes que comunican zonas marginadas con poblaciones urbanas municipales facilitando el comercio de los productos agrícolas. Dejó huella imborrable de ingeniero y capitán; a su paso por el ejército nacional, en zonas rurales. Como testigos de un hombre disciplinado y trabajador incansable.

¿Cómo se demuestra la disciplina?

Rápidamente se integró a la junta de acción comunal y lideró desde allí a sus vecinos. Aprovechando sus conocimientos de ingeniero militar. Sin las herramientas idóneas. Con pico y pala construyó carreteras hasta los predios heredados de sus ancestros. Luciendo una florida capotera, como insignia honorifica y ejecutando su trabajo con pujanza.

Los vecinos lo miraban trabajar solo en el camino, como cucarrón empujando un cagajón de mulo, en el suelo. Incrédulos y opositores al esfuerzo. Sin embargo, movieron sus alambrados para darle espacio al capitán capotera y al carreteable construido a pica y pala, por el hombre. Por Allí imaginaron subir carros en zancos y otros empujados por el viento con él sus vecinos. La persistencia del capitán capotera en su empeño, construyendo la vía, dio sus frutos. Con el tiempo los vecinos frente al avance del carreteable comprendieron la importancia, para el transporte vehicular, en la vereda. Y terminaron metiéndole el hombro. Ayudando a terminar la obra. Del hombre que trabajó incansable, luciendo su capotera.

La carretera que inicialmente parecía más un camino de herradura destapado, amplio; con el pasar de los años fue conectado a la 45A. Usada luego por las empresas de gas y petróleo. Estas empresas. Además de mejorar el carreteable, hicieron conexión con la vía a la capital de Boyacá.

Ese niño nacido el 9 de abril de 1948 en la bahía, camino al morro y que sus padres campesinos bautizaron con el nombre de Pedro Alarcón, como su abuelo. Nunca tuvo carro propio, pero subía y bajaba por la carretera, a veces en caballo y otras en el campero Suzuki, del vecino, sonriente y saludando a todo el que se encontraba; como reina de belleza en pasarela. Con esa sencillez, se ganó el título de buena gente. “el capitán capotera”. Exmilitar que murió en el 2008, de repente, en silencio mientras dormía en su zarzo de cañabrava, en una noche de luna nueva. Allí, como bella durmiente, en las montañas del altiplano cundiboyacense. Enterrado cerca del camino al morro que lo vio nacer. Y ahora lo recibió en su seno, para cumplir con el mandato divino. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Excapitán de soles a capotera.

 “¿Acaso justo pago no es la muerte?”

 

Mayo 28 2022

 

Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez

Agrónomo de la UNAD.

 manuelsglizarazo@gmail.com 

Feel proud of yourself. ¡Siéntete orgulloso de ti mismo! 

 

 

Comentarios

  1. Aprecio la narrativa y el relato recién leído. Lo primero, una historia bien hilvanada. Lo primero, es relato real. Y el relato, es una construcción literaria en la soy un personaje secundario, pero a la vez, el inspirador de la historia.

    Cuando quien se arriesga a escribir, no para leerse, sino ser leído, tiene al gentes dos caminos: que no lo termine de leer y que lo lean de principio a fin.

    Me ocurrió lo segundo.

    Un buen signo para el bloguero.

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