Puerto Wilches – Campo duro, pedalazos de aventura.
Puerto Wilches 1 marzo 2021.
Puerto Wilches – Campo duro, pedalazos de
aventura.
Amanecí cansado de la ruta de ayer (Puerto
Wilches-Campo duro) y el trajín, de mesero en la casona. El billete de la
quincena, está circulado de mano en mano y los clientes aumentaron, buscando
comida típica Santandereana. (Cabrito con pepitoria, carne oreada y fresca bien
asada).
Carolina y su marido. Una pareja, de jóvenes ingenieros
de petróleo. Me invitaron acompañarlos a la ciénaga de paredes en bici. Acepte
entusiasmado. Vamos, por monterrey, el pedral regresamos al km 8 y tomamos la
vía a la ciénaga.
Suena interesante me respondió Carolina, listo.
60 km más o menos, por trochas y carreteras de
Puerto Wilches, en MTB, Pedalazos De aventura.
Partimos a las cinco y veinte de la mañana, del
casco urbano de Puerto Wilches. Salimos por la vía que nos comunica con la
troncal de la costa norte de Colombia, hasta el km 4, más conocido como la Y. Por la forma en que se une, la carretera
principal con la vía terciaria, que nos permite llegar en vehículo al
corregimiento, el pedregal. Trayecto que recorrí en moto muchas veces para ir a
trabajar a Palmas Monterey. Hoy una empresa, propiedad de las multinacionales
que operan en Colombia. Sin dedicarle tiempo al pasado y disfrutando del
presente. En el que tengo que vivir lo que me resta de vida. Mientras la brisa húmeda
de la mañana, acaricia mi rostro y un frio agradable recorre todo mi cuerpo. En tanto pedaleo moderado, utilizo un piñón
grande y plato pequeño. Evitando hacer el menor esfuerzo posible, reservando
energías para el regreso.
Encendí la linterna en el km 3, recién comprada
en mercado libre. Un chorro de luz, ilumino el camino. Un km después, llegando a la Y, se apagó. Y recordé el coro de la canción, de Abel
Pinto, que título, De solo vivir. “un rayo de luz no vuelve a caer en el mismo
lugar.” Solución, pasar detrás de Carolina y su señor esposo. Además, el tiempo pasa y poco a poco la noche
queda atrás y el canto de los pájaros, anuncian el amanecer, de un nuevo
día. Muy pronto, allá en lo alto, por
entre las nubes van aparecer los primeros rayos del sol, que se manifiesta en
forma de luz. Recordé al refranero popular. No por mucho madrugar amanece más temprano. Al paso por la planta extractora de monterrey, ya el sol muestra sus
primeros rayos de luz, allá en lo alto, con los que va, a iluminar el magdalena
medio colombiano.
¿Aquí fue donde usted trabajó?, Don
Manuel. Pregunta Carolina.
Aquí, si señora. 29 años.
Esa Planta se ve grande.
Si, cuando yo salí, de esta empresa. Tenía una capacidad de procesar 24,
toneladas por hora de fruto fresco de palma. En pico de cosecha, trabajaba dos
turnos largos de 10 horas. Y cuando entre, solo procesaba doce, es posible, que
ahora, tenga mayor capacidad.
Ahora ya usted no trabaja, Don Manuel: se la pasa en Bucaramanga, de
paseo. Ja, ja, ja, ja.
Si, claro, sigo trabajando. Le respondí mirándola de reojo y con una sonrisa
a flor de labios. Aclaro, con una gran
diferencia. Antes trabajaba por necesidad y en jornada continua y hoy trabajo a
ratos con amor. “Soy un trabajador ratero, pero eso sí, un ratero honrado”.
Canta Oscar Humberto Gómez. Y en diferentes, actividades. Ver a las niñas
(vacas en la parcela), regar el jardín de la profe, montar en bici, dos y hasta
cuatro horas, día alterno, de vez en cuando, cocinar una viuda de bocachico y
jugar con los nietos. Los domingos:
vendedor de felicidad, ofreciendo comida preparada por mi hijo, a los que
visitan la casona. Apuré el paso y me puse al frente y el tacómetro me enseña,16
km/hora.
Llegando al Pedregal frente a la finca de los herederos de las dos
últimas generaciones de los Peñas. Me sentí solo, miré hacia atrás y no los vi.
Reduje la velocidad al mínimo posible e intenté darme la vuelta y al levantar
la cabeza, los vi a la distancia. Desistí, seguí despacio y los esperé en
la Virgen; entrada al pedregal y desvió a la planta extractora de aceite de la
pulpa del fruto de la palma africana. De Bucarelia. Al paso por el caserío, al
lado izquierdo observamos la cancha de fútbol, y al lado derecho, en la esquina
de la calle. La caseta popular donde se escucha la música a buen volumen. Una ranchera.
“Caballo de patas blancas, con herraduras de
acero, hoy vas a llevar en anca, a la mujer que yo quiero”. y acompañe mentalmente a Antonio Aguilar,
cantando al amor de su vida. Un par de amanecidos, únicos clientes aún en el lugar.
Uno de los dos, saluda, levantando la mano, adiós dije y tomamos la vía
pavimentada. Pedregal Sogamoso, unos cuatro km, obra que terminaron hace un par
de semanas. Propicia para ruteros y descansar las manos, de los golpes que los
brincos de la bici, en el terreno destapado.
A los 7:05 minutos llegué al km 8, con la idea de tomar refresco de
naranja… nada los domingos no salen los vendedores del kiosco. Me detuve a
esperar a Carolina y de paso saludé a la mona. Está sentada frente a su casa.
La viuda del señor Ekar Martínez, un extrabajador de palmas monterrey que un
lunes amaneció muerto en la calle quinta. Se estrelló contra un manjol que
sobresalía en mitad de la calle.
Don Manuel, dice la mona, de donde viene.
Del Pedregal y vamos a la ciénaga. Paré a esperar la pareja, que me
acompaña hoy pedaleando. Unos minutos
después llegaron.
¿Cuánto lleva aquí?... ¡como cinco minutos!
No, nada, solo unos segundos.
Risas.
Monte en la bici y continuamos a la ciénaga.
A unos dos km del ocho, pasamos frente a la planta extractora.
Palmeras de Puerto Wilches. Una nube de polvo que levantaron un par de
volquetas cargadas con fruto fresco de palma, al paso por la vía; nos impidió
ver en detalle, la planta. Un km más adelante, un corral a la orilla de la vía,
lleno de ganado vacuno, (animales que en el día pastan en la plantación). La
carretera destapada, pero en buen estado de mantenimiento, nos permitió llegar
sin ningún problema a campo duro. Nombre de la vereda donde está la ciénaga de
paredes. Un inmenso lago de agua dulce, cría de peces y hábitat de sirenas o
mejor, del manatí.
La ciénaga de Paredes, (400 hectáreas. Un
ecosistema ubicado entre Sabana de Torres y Puerto Wilches) a pesar de estar en
decadencia, sigue siendo bella por naturaleza. Allí el hábitat natural de unos
cuantos manatíes, que aún se resisten a desaparecer. Sus habitantes aún, no
saben lo que tienen. Se limitan a echar la red y atrapar un pez. O QUIZÁ SI.
Juzgue mal la actitud en la atención de una señora. Ahora recuerdo que, el
abandono estatal, a los campos colombianos y campesinos, la presencia de grupos
armados en la región, el corredor estrasijo de narcotraficantes, para sacar los
subproductos de la hoja de hayo o jayo, más conocida como la mata de coca.
Conocida en el mundo entero por sus alcaloides y hasta ahora valorando sus varios
usos medicinales. Han incentivado la guerra e impedido que llegue el desarrollo
turístico al lugar.
Lugar que, WADE DAVIS, bautizo como “la morita
de los manatíes”. El extranjero que recorrió el río magdalena de cabo a rabo. (Desde
el páramo de las papas, hasta bocas de ceniza) conociendo su inmenso recorrido,
sus pueblos, tradiciones e historias. Llenas de folclor y colorido y de paso
entro a la ciénaga. A ella, le dedico un capítulo en el libro que escribió y
titulo. Magdalena, historia de Colombia.
Un sitio turístico en Santander, ideal para
pasear propios y extraños. Un lugar que la guerra mantuvo aislada del centro
del país y del mundo. Hoy cuando soplan vientos de cambio en el país del
sagrado corazón de Jesús y gobernado por narco políticos. Es posible mantener
la esperanza viva en el 2022. Como el ojo del águila potente, para ver la mejor
opción en las próximas elecciones.
Entré en una casa, a orilla de la ciénaga: en el
corredor hay un par de mesas plásticas y alrededor de una decena de sillas. La
señora está terminando de comerse un bocachico, como quien no quiere la cosa.
El único que habían pescado. Ella es la esposa de un señor que ofrece paseos, a
turistas en un motor canoa, recorriendo las aguas de la ciénaga, desde donde
aprecian el paisaje y su belleza natural que ofrece a sus visitantes.
Señora, buenos días.
Buenos días, señor.
Me puede preparar un desayuno.
No hay pescado, solo cogieron dos y ya estoy
terminado con el último.
Entonces podría preparar un agua de panela, necesito
calorías para regresar.
No tengo panela y la tienda está cerrada.
Me vende una bolsita de agua.
No vendo agua, en la tienda.
“Marzo ventoso, para el campesino provechoso y
para el marinero desastroso” reza el refranero y para el ciclista desafortunado.
No fue el día de comer bocachico.
La pobreza espiritual es más grave que la
pobreza absoluta, en la que vive el 50% de la población colombiana y a la cual
se sumaron el 21,2% en medio de la pandemia; esperando las ayudas estatales.
Cifras de la situación social en Colombia, gobernada por narco políticos
corruptos. Leí en un artículo virtual, en las dos orillas.
“Cuando reemplazamos los pensamientos negativos
con los pensamientos positivos, empezamos a tener resultados positivos”. Willie
Nelson.
Me salvó la mañana recreativa, un niño de unos 6
a 7 años. Cuando iba llegando a la orilla de la ciénaga. Apareció en una bicicross
de segunda vieja, alegre gritando.
El ciclismo colombiano, el ciclismo colombiano.
¿Usted es el ciclismo colombiano?
Se acercó y me pregunto.
Solté la risa y levanté el dedo gordo, en señal
de saludo. Pare la bici contra una canoa, que estaba entre tierra y agua y el
niño se parqueo al lado.
Quédese ahí le indique, voy a tomarle una
foto al ciclismo colombiano.
El niño posó y le tomó un par de fotos. Ahora
usted me toma una.
No sé, señor.
Claro que si sabes. Mira te explico, hazte aquí,
observa por aquí, vez la canoa y el agua.
Sí.
Bueno cuando yo esté allí y me veas. Vez este
círculo.
Sí.
Listo con tu dedo presiona y sostiene el móvil
un segundo y ya.
Si.
Tomo el celular y observaba mientras me acerque
a la bici, estoy listo.
Movió la cabeza, en señal afirmativa y tomo la
foto y se movió a devolverme el celular.
Todavía no, tome otras.
Y volvió a la posición inicial. Listo señor.
Viste que si sabes. Y sonrió alegre, cuando vio
las tomas que hizo.
Tú me puedes llevar a una tienda.
Allí hay
una.
Otro niño que observa de lejitos. Dice: está cerrada.
Vamos por allá, hay otra. Y señaló con la mano.
Tome la bici y la llanta delantera quedó junto a
la canoa. Sorpresa, el roce contra las piedras y los huecos en la vía
destapada, movieron la palanca y aflojaron la tuerca, al levantarla se salió la
llanta, que peligro corrí bajando. Pero
nada, el peso la sostuvo. todo termino, bien.
¡Y ahora ¡
dice el niño.
Mira. Le di vuelta a la bici, con la llanta trasera
y el tenedor, hacia arriba y coloque la llanta, ajuste la tuerca y gire la
palanca, que ajusta la llanta.
Incidente superado, niño.
Tan fácil, declaro el niño.
Vamos le dije al niño y me llevé la bici
empujada con la mano, a unos diez metros el niño que iba montado dice.
Montese señor, queda lejos.
Me monte, andamos dos cuadras subiendo, en
dirección de una tienda.
Por aquí, dice el niño y gira a la derecha, dos
cuadras adelante. Paró, en un rancho de caña brava, a mitad de cuadra.
Aquí señor, señalando con su mano, la puerta del
establecimiento.
Gracias, niño. Con mi mano derecha empuñada y el
dedo gordo levantado.
Compré dos bolsas de agua y un bocadillo de
lonja le di un pedazo de bocadillo al niño. Vaya dígales a los otros ciclistas colombianos,
que voy adelante, por allí me alcanzan y le indicas, la tienda.
Si,
Si, señor se dice.
Me miro, y partió alegre, con una sonrisa de
oreja a oreja y el bocadillo en la mano.
Llene la caramañola, comí bocadillo con agua y
luego regrese, solo.
Al llegar Carolina con el marido. Se pararon,
observaron la ciénaga, el señor se retiró unos metros, Carolina se me acercó,
me entregó una cámara.
Tómame unas fotos. Listo. Le tomé varias y
cuando me recibió la cámara me pregunto. ¿Usted se tiene que ir rápido?, No sé qué
le pasa a mi marido, esta raro. Dijo que nos demoramos.
Tranquila, Carolina. Relájese, sígale la cuerda
y disfrute del paisaje, que ofrece la ciénaga y sus alrededores, hasta que
decida regresar. Voy a la tienda con el
niño, echo agua y me voy adelante. Tengo que llegar a trabajar, hoy es domingo,
la casona abre el restaurante, al público.
Me muero de la pena, don Manuel
Nada, sin pena. No hay nada que se te escape. En el camino se
arreglan las cargas. Reza el refranero.
Sera…
Claro. Vaya y regale una picante sonrisa y todo
bien, chao.
Chao, don Manuel, gracias.
Mire el reloj, de la bici 8:50 am y partí con la
decisión de gastar el menor tiempo posible, observe el tacómetro y entre 17, 18
y de vez en cuando 20 km/h. En 50 minutos estuve en el km 8, pare, saque el
celular y le envié la foto que había tomado, cuando llegaron y le escribí: Ya en el km 8. Cuando lleguen échese, la
pasadita por la casona, y almuerzan.
Del km 8, hasta puente angustia, pedalee con el
cuerpo y con el alma como si estuviera compitiendo y me hubiera escapado del
lote puntero. El tacómetro señalaba
entre 30 y 31 km/hora. Que bien Manuelito. Mejorando. El auto diálogo mental,
para que las piernas hagan lo que la mente ordena.
“Cuando me duelen las piernas, les digo: ¡callaros!
Y hace lo que os diga.” De, Jans Voigt. Ex ciclista Alemán.
Al llegar, miré el celular, mensaje de Carolina.
y leí. “No pensé que él me fuera hacer quedar mal. Aparte nos pinchamos,
seguimos caminando, ya pedí que nos recogieran”.
Le escribí. Todo bien, eso es parte de la
aventura en bici. Aquí al fin un tinto y le envié la foto. Ja, ja, ja, ja. Los espero…
En la tarde llegaron a la casona y almorzaron.
Eran las tres de la tarde. Había terminado de almorzar y me dirigí a la sala
con la idea de descansar. Cuando los veo sentados terminado de comer. Me senté
un rato y charlamos unos minutos. Al fin le conocí la voz al señor. Pidieron la
cuenta y se despidieron.
Entre a la sala, me senté en la mecedora media
hora relajado. Luego cambié de ropa. Pedí una moto taxi y me fui al pajaral a
ver las niñas. (vacas). Les lleve un
bulto de cáscara de yuca, restos de verduras y hojas de mazorca. Aquí
es basura, allá es comida para ellas. Las cambié de potrero, Les cambié el
agua y sorpresa, no había. Pase por donde Julio Chango. Le pedí el favor. Vaya ahora y revise la manguera. Debe haber
una fuga, porque no llega el agua.
Ahora voy, don Manuel.
Gracias Julio.
Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez
Agrónomo de la UNAD.
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