La Novia del Estudiante...

 

Una historia real con algo de ficción

 

Puerto Wilches, lunes 20 abril 2020

 

Querida Primogénita:

Recuerdo que el profesor Cosme Damián Villamizar. Repetía, “La novia del estudiante jamás será la esposa del profesional” y con esta frase quiero contarle cómo conocí a Nohelia. Como se fue de la noche a la mañana: cumpliéndose el pronóstico del profesor Villamizar. Y como la volví a reincorporar a mi vida familiar.

Un miércoles santo iniciando la noche del año 1968, mientras papá, encendía la lámpara a gasolina y estando ya iluminada la sala con su luz, papá tomó el émbolo entre los dedos de la mano derecha, para darle más presión, al sacarlo dejó escapar gasolina, que le mojó la mano e inmediatamente, su mano se prendió fuego. Al levantar la mano para sacudirla y tratar de liberarse del fuego, le prendió fuego a un manojo de fique, que permanecía atado a un palo, recostado a la pared, por el subió el fuego rápidamente y alcanzó el techo de la casa. Construida en bahareque, techo en madera, caña brava y paja. En un par de horas, la casa que fue nuestro hogar por varios años, quedó convertida en cenizas. Salimos ilesos, menos papá, sufrió quemaduras de segundo grado. Este suceso nos sacó de la rutina.  Se combinó la actividad agraria permanente con un trabajo transitorio.  Construir una casa. A mis 11 años tuve que abandonar la escuela y convertirme en obrero ayudante de construcción.  Sin remuneración y luego agricultor de tabaco negro, hasta el año de 1.973.

Aquel fatalismo fue superado con trabajo, dedicación y sobre todo con la solidaridad de vecinos, amigos y familiares de mi padre.  Así: en menos de dos meses, teníamos una casa nueva, construida con tierra pisada, formando una tapia; techo de madera, guadua y teja de barro.

Para el año de 1.973, ya era un joven con 15 años cumplidos. A Partir de allí se presentó un cambio positivo. Seguía siendo agricultor, pero agricultor socio de mi padre.  Volví a sembrar tabaco negro, con la motivación de recibir mi parte, a la venta de la hoja. Sin embargo, ahí no pararon los cambios. El obispo había cambiado el párroco. El nuevo sacerdote en Villanueva, se llama Carlos Francisco Mojica: Joven, alegre, músico, carismático, emprendedor. Una de sus primeras tareas para ayudar a las familias campesinas fue reclutar jóvenes para prepararlos en el Instituto de Liderato Social en el Páramo, Santander . Durante un mes. En esa redada, el sacerdote me echó el guante. Le dije que no. Hablo con mi papá y mamá. Ni modo. Para el campesino creyente con fe ciega, la voz del cura es la voz de Dios y no se discute, se cumple. Aunque alegue que no tenía tiempo, que tenía matas que deshierbar, que no tenía zapatos. Papá y Mamá dijeron que sí. el padrecito se metió la mano al bolso y donó lo de los zapatos. Así que a la semana siguiente llegué al páramo Santander. Junto con 8 paisanos más.  Allí nos reunimos alrededor de unos 60 jóvenes campesinos (mujeres y hombres), de diferentes municipios. Y empezó el curso de liderato social en base a la doctrina social de la iglesia. Con lecciones del padre Rosas, la monjita Raquel y el profesor Alfonso Solano, Sociólogo.

Este curso de liderato social: fue un eslabón importante en mi vida. Allí se dio mi primer cambio de pensamiento, allí descubrí otros horizontes, allí descubrí la importancia de las letras. Esto fue el despertar a un mundo nuevo, al frente de tableros y profesores. Todo era diferente a las actividades agrarias del azadón y el machete. bajo el inmenso sol, recibiendo en mis espaldas sus rayos de luz. Pase, a ser parte de los jóvenes campesinos que tenían una oportunidad de capacitarse.  Gracias al padre Calos Francisco Mojica que me embarco y al padre, Ramón González Parra. Director, de la Pastoral Social de la Iglesia de Socorro y San Gil. Allí además era una escuela de primaria básica, para campesinos adultos. En un semestre se aprobaba un año lectivo; con el visto bueno de la secretaría de educación del departamento.

Ese mes de abril, pasó volando: allí había tiempo para actividades recreacionales y por momentos volví a ser niño y me gusto. Regrese a Villanueva, llegue a la casa de nuevo y empecé a trabajar de sol a sol, jornadas continuas; esperando recibir la parte económica de la venta de la hoja de tabaco, para hacer mis ahorros, con la esperanza de regresar al Páramo a terminar la primaria. Ese año la cosecha fue abundante y como cosa rara el precio de la hoja aumentó en comparación con el año anterior. No recuerdo bien el precio, sin embargo, creo que la carga de hoja de tabaco seco de 8 arrobas la pagaron a $400 pesos. Y tampoco recuerdo en números cuántos pesos me metí al bolsillo de las ventas. Lo cierto es que me compre ropa y le compre una novilla a mamá. La tenía en compañía con su yerno Arturo. Fuimos un domingo a verla. Mamá lloró cuando la vio. Las garrapatas del potrero se le habían pegado todas a ella, solo en la frente y la cola no tenía ácaros. Se la quitó al yerno y así, se la compre. Y aún me quedaron unos pesos con los que regrese en 1.974 al páramo Santander y me matricule en el Instituto para cursar, cuarto de primaria.

En el segundo semestre del año; volví al Instituto a hacer el, quinto. El segundo día de clase, en Páramo; hubo una reunión general. Dirigida por el Padre Samuel, hermano menor de Ramón González Parra. Uno de los objetivos era hablar del colegio agropecuario Antonio Vicente Arenas; del cual él, era el rector. “Iniciamos labores académicas, el año anterior en las instalaciones de lo que fue por mucho tiempo el seminario menor, en Zapatoca. Este año estaba programada la visita de la Secretaría de Educación al colegio” y continúa hablando el padre Samuel: “desafortunadamente no llegaron el número de estudiantes esperados y por eso hemos decidido en reunión conjunta con los directivos de las dos instituciones y con el visto bueno de Ramón. Trasladar el grupo de aquí hacer el quinto año lectivo; a Zapatoca.

Recuerdo unos alegres, otros tristes, y otros alegres y tristes. Alegres por el cambio de sede y de pueblo y tristes porque ya habían hecho unas amistades nuevas que por no ser del grupo quinto se quedaban. Cuando el bus estaciono en la puerta del Instituto. Empezó el movimiento:  abrazos de despedida en el pacillo y en fila india con la orientación de la hermana Raquel. fuimos saliendo uno a uno a tomar el bus. Al mismo tiempo cantamos: mientras recorres la vida, tú nunca solo estás, contigo por el camino, santa maría va …

Al día siguiente amanecimos en Zapatoca, en un hangar dormitorio. Dividido por el centro con un muro de cemento y por cada lado dos hileras de catres, con su respectivo colchón, y cobija. Sin embargo, cada uno de nosotros llevaba sus propias sábanas. 5 am suena la campana y pensé que estaba el cura llamando a misa. En Villanueva cuando sonaban las campanas mamá decía: apuren hijas que sonó el primero para la santa misa. Sin embargo, era otra señal. La hora de dejar la cama. Levantada. Porque a las 6 am es hora de estudio, 7 hora de desayuno, 7:30 hora de aseo general y 8 inician las clases de 50 minutos cada una y a las 12 m, el almuerzo.

El casino está ubicado junto de la biblioteca al lado opuesto de los salones de clases separados por las canchas de basquetbol, voleibol y microfútbol. De 12:30 a 1:30 deportes y las 2 pm regreso a clases hasta las 6 pm. Hora de volver al comedor. 7 pm deportes y juegos de mesa y 8 a 9 pm una hora individual de estudio en los salones. Fin de la jornada y a la cama a dormir para al otro día iniciar con la rutina.

El método de aprendizaje para campesinos adultos fue diseñado para ver, oír, hacer y aprender, más conocido como aprender haciendo. Se nos organizó en grupos de tres estudiantes para realizar las distintas actividades. Un grupo fue encargado del galpón, uno de la perrera, uno de la pocilga, uno para aseo de los patios, uno de la cría de patos criollos, uno del establo. Además, en las clases prácticas agropecuarias el grupo debía preparar el terreno para la huerta, para la siembra del pasto de corte, y otros cultivos. Actividades que hacían parte del día a día, en el Colegio Agropecuario Antonio Vicente Arenas. Antiguo Seminario Menor, en Zapatoca, Santander. El grupo, integrado por jóvenes campesinos; acostumbrados a las labores del agro, donde se labora, de sol a sol, ninguno se incomodó y así: El programa de formación de campesinos adultos, fue todo un éxito, durante un lustro. A Partir de allí empezó su decadencia por falta de financiación.

“La novia del estudiante jamás será la esposa del profesional”. Decía Cosme Damián Villamizar: él profesor de sociales y locutor de Radio “Cariongo” en Pamplona norte de Santander. Desde donde solía saludar a los estudiantes. “Un saludo muy cordial a todos los estudiantes del ISER, especialmente al grupo de tecas que a esta hora se encuentra en sintonía y disfrutando del merecido descanso; en el campo de fútbol de esa Institución.”. Viene este comentario a colación con el recuerdo de mis primeras novias de estudiante en Zapatoca. Como decía mi taita, como pasa el tiempo. Hoy después de varios años. Tengo que darle la razón a Cosme Damián Villamizar. En aquel tiempo esa frase no le di importancia. Solo que la repetía con tanta frecuencia que se grabó en el disco duro. En mi disco duro; de donde no se borró, no le cayó, ningún virus. Y mi esposa fue mi primera novia después de ser bachiller en ciencias agrícolas y Personero del municipio de Villanueva.

1.974 Nora. Joven de unos 16 años, alta delgadita, pelo largo y negro como un azabache. De la Fuente Santander. Mi primera novia potencial de estudiante. Compartimos generalmente la mesa del comedor, charlamos un rato. me gustaba, disfrutaba de su compañía. Sin embargo, nunca se lo dije, fui un cobarde. Me gustaba y en secreto era mi novia. Aún conservaba esa timidez del joven del campo. Sólo sí y sólo sí yo, la imagine mi novia. Al poco tiempo resultó que era la novia de Carlos, un profesor de matemáticas. un hombre alto y atlético. Reza el refranero. “El que espabila pierde”.

1.975 Mariela alta delgada, oriunda de Oiba Santander, de unos 24 años, con un pelo corto, negro y grueso que no le favorecía mucho para su belleza. Trabajadora inteligente, amante de la letra bonita y pequeña al escribir. Compartimos las horas de estudio y de vez en cuando coincidimos en grupo de trabajo en algunas actividades diarias y los domingos teníamos un poco más de libertad. Salíamos a dar un paseo por las calles de la ciudad, levítica. Le gustaba y yo disfrutaba de ese interés que ella ponía para estar cerca de mí y compartir largas horas, caminando por los patios y estudiando para contestar un examen.

1.976 Leonor Quiroga, conocida popularmente en el grupo como “pinina” porque era la más bajita del grupo. Dinámica, participaba con mucha facilidad en las actividades académicas, oriunda de la Belleza Santander. Cuando algún compañero y paisano suyo viajaba a visitar la familia, le mandaban lonches que ella le gustaba compartir conmigo. Un noviazgo de niños jóvenes. La recuerdo con especial cariño. Compañera de clase, de Mariela y compartimos el mismo salón, en la misma fila. Aun añoro sus abrazos tiernos. Recostaba la cabeza arriba de mi ombligo y me rodeaba con sus brazos que no alcanzaban para hacer el círculo y se quedaba como dormida por unos segundos y luego se retiraba lentamente. Levantaba la cara y me miraba a los ojos con una sonrisa a flor de labios. Buenos días Manuelito.

1.977 Bernarda. Profesora de español y literatura, alta, delgada y cachetona. Encantadora en su trato personal, amable y primaveral, como una planta herbácea, de tallos desnudos que llevan flores. Me afilio al círculo de lectores y me motivó a comprar mi primer libro. Juan Salvador Gaviota. Una fábula en forma de novela. Su contenido es toda una enseñanza para la vida. Esta obra despertó mi interés por la lectura.

Un viernes por la tarde salimos al campo con el profesor Froilán Buitrago. A una práctica pecuaria en ganadería. En esa finca había un cultivo de granadilla y rodeado de unos hermosos claveles rojos. Me despreocupe un buen rato de la práctica. Me ocupe, comiendo una granadilla. Escondidas de todo el mundo, En ese escondite disfrute de la soledad, Pensando en la profesora Bernarda. Su imagen invadió mi mente y una sonrisa de oreja a oreja, se dibujó en mis labios. Arranqué una planta de clavel con unas flores aún semicerradas y lo metí en mi mochila.

Me acordé de la práctica y regresé apresurado en busca del establo. Allí debía estar el grupo. Entre sigiloso, me acerqué lentamente al grupo que está en semicírculo, a espaldas del profesor y fui tomando posición. En el suelo yacía maniatado un animal bobino, joven y flaco. Los alumnos iban pasando uno por uno a canalizar la vena. El turno es de Laureano dice, el profesor. Paso un poco nervioso, hizo cinco intentos fallidos. Sin hablar, sin preguntar me acerqué en dos zancadas. Tranquilo Laureano, permiso permítame. Me entregó la aguja y se quedó al lado entre aliviado y sorprendido.

Acomode el lazo que rodeaba el cuello del animal, lo deslice varios centímetros hacia adelante, buscando un sitio no inflado del animal, aprieto el torniquete un poco, di unos golpecitos con la punta de los dedos varias veces detrás de la oreja y lentamente se fue mostrando la vena. Con la aguja en la mano derecha y la manguera en la izquierda. Con la mano derecha empuñaba y sujetando la aguja entre los dedos, di dos golpecitos de nuevo al animal con el puño cerrado. Alcé el brazo y suelto golpe al animal.  la aguja penetra en la piel y pincho la vena. La sangre salió por el vacío interior de la aguja a chorro. Señal que la vena está bien canalizada. Coloque la manguera, regule el goteo del suero, afloje el torniquete y mire triunfante al grupo. Muy bien Manuel. Dijo el profesor Froilán: haz hecho una práctica muy buena. Su nota es seis y no pregunte. Inconforme; agache la cabeza sin responder. Hoy recuerdo una de las leyes de Murphy según las cual, "Si algo puede salir mal, saldrá mal".  Pudo ser peor; según esta filosofía.

De regreso al colegio como a las cinco de la tarde, presuroso entró al dormitorio. Dejo la mochila sobre la cama, me quito la ropa, tomo la toalla y me envuelvo. Guardo la mochila en la cómoda y corro rápido a las duchas. En par patadas estoy allí, abro la ducha, sin embargo, parezco torpe, más lento que una tortuga. Me ubico debajo a dar una ducha, y el chorro de agua, acaricia mi piel de la cabeza a los pies.  Mientras saltó de alegría y pensando, cómo bajar la luna y llevársela a los pies de Bernarda. Regreso al dormitorio me visto. Saco la mochila y me dirijo a la sala de profesores. Adentro no está. ¿Dónde estás? Me rasco la cabeza, como mico juguetón.  Con los nervios de punta, y me dirijo a la habitación.

Llego, me detengo frente a la puerta; miró para todos lados con disimulo. Nadie a la vista, tocó tres veces con los nudillos de los dedos suavecito. ¿Quién es? Escucha la voz de la profesora. Me atacan los nervios no sé qué decir, el tiempo apremia, no respondo tocó de nuevo pero esta vez solo una. Miro para todos lados, lo va a saber todo el mundo. Sin embargo, nadie a la vista. Entreabre la puerta. Usted Manuel. Sí profesora. ¿Qué necesita? Saque la planta de clavel de la mochila, se la enseñe cerca de sus ojos. Entre alegre y asustado. Tómala, las encontré en el campo y pensé: se las llevare a la profe.

La recibió con su mano derecha, saca un poco la cabeza y mira a los lados. Se aparta un poco de la puerta y la abre un poco más. Me invita a pasar. Siga: con un movimiento de cabeza. Me dio tiempo de tomar aire, suavemente, por la nariz. Las manos me sudan y di dos pasos al frente y adentro. Ella, cierra la puerta. Se da media vuelta, mira los botones flores de clavel, gira su cabeza y fija su mira en mis ojos: gracias Manuel, no me lo esperaba, buen detalle. No atine a decir nada, solo sonreí. Ella da unos pasos, coloca el clavel en la mesa de noche y regresa. Le alargué mi mano con intención de despedirme ella la tomó, me acerco, me rodeo el cuello con la otra mano, inclinó su frente, se acercó contra la mía, abrió los labios y cerró los ojos. y entre alegre y asustado, la bese con ternura por primera vez. Me aparto con delicadeza. Me miro a los ojos, me enseñó la puerta y me dijo hasta más tarde Manuel, me gusto ese detalle. Hasta más tarde profesora, te quiero. Y me coloco una mano en el hombro y con la otra abrió la puerta.

1.978 Francisca Fuentes, más conocida como Pachita. Nació en la vereda Hato viejo, del municipio de Villanueva, coterránea.  De piel color de tabaco, alta, fornida, deportista, líder natural. Hacendosa, alegre y trabajadora. Nos conocimos en el Páramo Santander, y estudiamos en Zapatoca. Y nos enamoramos en su tierra natal, en Hato viejo un bazar, para recolectar fondos, generalmente para para la parroquia. Ya una fiesta tradicional en la vereda. Todo bazar terminaba en la noche, con parranda campesina, al son del requinto de don Benito Ballesteros, acompañado de tiple y guitarra con músicos locales. Mientras bailábamos un merengue campesino, titulado que viva Hato viejo, letra y música de don Benito, que en paz descanse.  Al terminar la pieza   nos miramos a los ojos, y como por arte de magia juntamos nuestros labios, en un beso fugaz y salimos del salón, cogidos de la mano y la acompañe, hasta su casa, que queda muy cerca de la escuela.

El grupo inicial que aquel día nos embarcamos en el bus en la puerta del Instituto en el Páramo Santander. Está compuesto por diez mujeres y 14 hombres:  de los que solo terminamos 16. 10 hombres y 6 mujeres. Que recibimos el título de Prácticos Agrícolas en 1.978. De este grupo solo seis hombres pasaron a seguir estudiando en el Instituto de Educación Rural, ISER, en Pamplona.

Recuerdo a Ramiro Cepeda, quizá el mayor del grupo, exsoldado de la patria. Carismático y productor de cacao en la vereda el recreo jurisdicción de Vélez Santander. El mayor de seis hermanos: Camilo, Samuel, Hermencia, Zoraida y Nohelia. Jesús cruz más conocido como chucho, el jocoso del grupo, oriundo de Barbosa Santander y quien me sirvió de enlace en año 84 para entrar a trabajar a palmas monterrey. Roberto oriundo de Charalá, buen jugador de ajedrez. Augusto, el callado y trabajador. Laureano Rico, el más joven del grupo silencioso y muy disciplinado. Con quienes compartí el internado en el Instituto Superior de Educación Rural. ISER. en pamplona norte de Santander.  Los seis logramos culminar el bachillerato en 1.980. En esa institución y nos otorgó el título de Bachiller en Ciencias Agrícolas.

Primogénita: Esta semana tuve que podar el limón del patio; la vecina se quejaba de que le dañaba el techo. Con dolor de agricultor vi caer un ciento de limones que les faltaba tiempo para ser cosechados y con alegría recordé a Mónica Nohelia cuando llegó sin empleo a casa y cosechó limones para ir a vender. Aproveche el pico y cédula, para visitar dos amigos, clientes y le lleve a Isidoro 50 limones por $5.000 y a Lucho Peña 40 por $4.000 pesos. Primer ingreso de este mes en medio de la cuarentena de limones criollos. Quedó más despejado el patio y la naturaleza continúa dando frutos buenos y saludables. Hoy tocaron la puerta, mire por la ventana. Dago Giordanelli; quería $2.000 de limones. En seguida con mucho gusto; Giordanelli. Gracias dijo y se retiró.

El limón Citrus. Una medicina natural con gran poder bactericida y por su alto contenido de vitamina C y flavonoides ayuda a fortalecer el sistema inmunológico en el organismo.

Volviendo al cuento: en 1.978; nos pusimos de acuerdo con Ramiro. Luego me enteré de que tenía tres hermanas estudiando en Barichara. Y nos pusimos de acuerdo en convencer al grupo para realizar una visita a la escuela hogar de Barichara con el propósito de conocer el colegio y la modalidad y de paso me decía para mí, sin pronunciar palabra conozco sus hermanas. A partir de aquel día no lo volví a llamar Ramiro. Le dije desde entonces, cuñado.

Un domingo a las cuatro de la mañana en un camión de estacas, partimos de Zapatoca, rumbo a Barichara, en un paseo de intercambio institucional, con la complicidad del padre Samuel que aprovechó para entrar a la vereda el choro y saludar a su familia de paso. En unas horas los recojo; nos dijo y se retiró.

El segundo objetivo se lo dije a Ramiro quien en un momento fugaz; me presentó a las hermanas. Quedé encantando, tres mujeres lindas, sin embargo, Nohelia sobresalía en estatura y belleza. de regreso, Ramiro me comento. “Van hacer una reunión social en la finca, para celebrar mi grado.  Debías acompañarme. ¿Me estas invitando? Si señor. Encantado.

A finales de noviembre se celebraron los grados. Segunda promoción de prácticos agrícolas otorgada por el colegio de Zapatoca, en su modalidad agropecuaria. En la ceremonia me corresponde por asignación de la profesora de español, dar las palabras de despedida y agradecimiento al colegio. No puedo recordar ninguna frase de las que dije ese día, pero aún escucho en mis oídos el sonido de los aplausos, de padres de familia, estudiantes y profesores; que se extendió por más de un minuto; según mi apreciación.

Después tomó la palabra el padre Samuel González: Con la satisfacción del deber cumplido, durante 5 años al frente del colegio y unos 120 alumnos”. De forma pausada y con un poder de convencimiento en el uso de la palabra. Aún recuerdo como si hubiera sido ayer. Un par de frases que repitió varias veces durante el discurso y con la cual terminó. “Ustedes fueron preparados aquí con amor y conocimientos suficientes. Para que lleguen a su pueblo a liderar sus comunidades. Desde las juntas de acción comunal, desde el concejo, desde la personería y por supuesto desde la alcaldía municipal. Allí, muchachos y muchachas, estén al servicio y a disposición de los campesinos de la Provincia Comunera y Guanentina.”

Tan pronto como llegué a Villanueva, lo primero que hice en mi casa campesina. Escribir una carta a Ramiro, con el achaque de desearle éxitos en su vida laboral y de extensionista rural; objetivo que me había comentado. Mi verdadero propósito era enviar saludos a sus tres hermanas: Hermencia, Zoraida y Nohelia. Y hacerles saber que las recordaba con cariño. Con un detalle en los nombres que no pasó desapercibido por las hermanas. El nombre de Nohelia, con una letra diferente y subrayado. Un truquito que al año siguiente dio los frutos esperados. Coincidimos en el ISER, Pamplona Norte Santander. 

Allí se dio el tercer encuentro con Nohelia. Le di mi mano para saludarla y con muchos nervios, que hacían temblar mi mano. Para disimular; con la otra mano cubrí su mano y se la levanté lentamente hasta la altura de mi quijada, le lancé tímidamente un beso volador. Se sonrió con alegría. ¿Quieres ser mi novia? Soltó la risa y colocó la otra mano sobre la mía, acariciándola muy suave. ¡Trato hecho! Empezamos a caminar por los jardines del colegio. Me detuve frente a un roso. ¿Le gustan las rosas? Sí. Me lleva esa el domingo...Nos interrumpió el sonido de la campana; anunciando que había que entrar a clase. Ya era mi novia oficial. Regrese al salón de clases “más feliz que marrano estrenando lazo”. “como pasa el tiempo decía papá con frecuencia hablando con mamá”. Recuerdos son recuerdos; unos alegres y dulces como la miel de abeja y otros tristes y amargos como la hiel.

Continuamos en cuarentena hoy. Abril 24,2020. 7:15 am. Se levantó la profe, interrumpo, mi acción de escritor y la saludo. Hola profe; ¿Me hizo adaptar la bici y no hizo ejercicio? Cómo que no... ni se dio cuenta, 10 minutos; jajaja: usted cuando está jugando ajedrez en ese equipo, ¡desaparece! Ja, ja, ja. Estaba jugando contra la máquina en quinto nivel; una de las cinco cosas que más me gusta hacer en la vida. Palabreando a William Vinasco. Cuando termina de narrar un gol.  Y si no me concentro al cien por ciento. Esa computadora me derrota con facilidad.  Anoche tenía el reto de ganar la partida.

A fe que lo logré.  En la segunda partida lo conseguí: Me jugué una partida sin errores con tres coronas. En el primer peón, lo corone para ganarle un alfil, el segundo para ganarle una torre y con el tercero más un movimiento adicional. A su rey jaque y mate. Me aplaudí. Apague el equipo; una ducha y a dormir como un bebé. Primogénita: ese jugo de manzana con leche de almendra que le daban las monjas a las niñas, en el internado: para evitar se volaran del plantel: funciona. Acabo con mis desvelos nocturnos. Bueno también es cierto que se terminaron los dolores de mis piernas. Que atormentaban mi sueño.

Anoche unos minutos después de acostarme, me dio una especie de tos parecía como si me hubiera atorado con saliva, acompañado de un ligero malestar y moquillo por la nariz. La incomodidad que me produjo me hizo levantar, pase a la cocina, encendí la estufa y coloque una ollita con un poco de agua de panela; tome una pizca de sal, la eche en la boca e hice gárgaras, luego cuando el agua de panela empezó a hervir. Procedí:  aspirar el vapor, cada diez segundos, por   20 veces; serví el agua de panela en un pocillo, le exprime un limón y lo tomé caliente en sorbos pequeños.

Me acosté en el cuarto de la ropa; para no incomodar a la profe; sin embargo, ella se levantó y me llamó. Manuel ¿Dónde está?  Manuel. Encendió la luz y entró al cuarto. No, no Manuelito ahí no, vamos para la cama.  No ese aire me resfrío. “Yo apago el aire”. Listo de nuevo a la alcoba y al rato me dormí...

Hoy me levanté a las 6 am, con ligero malestar. Cancele el ejercicio en la bici estática. Entré a la cocina, lavé la olla y encendí la estufa, puse a hervir agua para preparar el tinto, cuando empezó a hervir, volví aspirar cada diez segundos. Tomé dos vasos de agua con limón. Prepare el tinto y disfrute un pocillo de café caliente. Creo que el fantasma del malestar desapareció. Voy a regar las plantas para luego ir a ver a las niñas. Actividad que me permite salir de casa, tomando las medidas de seguridad ordenadas por la OMS. Y espantar el fantasma del covid-19, que persigue a todos por igual.

Nohelia Cepeda, que en paz descanse: la última novia del estudiante tampoco fue la esposa del profesional. Y recordé el dicho del profesor del ISER y locutor de Radio “Cariongo” de Pamplona. Cosme Damián Villamizar. “La novia del estudiante famas será la esposa del profesional”. La mujer de mis sueños, el amor de mi vida, la traga que no te deja dormir tranquilo, la que conquistó mi corazón e invadió mis pensamientos, por muchos años. La perdí en una noche de sábado de noviembre de 1980. Los 8 de Colombia que no eran 8, sino más. Tocaban en el coliseo de Pamplona. Nohelia, vamos Manuelito. No puedo. ¿Por qué? “Más pelado que pepa de guama”. Sin embargo, terminamos de chismosos, con Chucho, Roberto y Ramiro, el cuñado y de colados en el coliseo. No recuerdo cómo ni a qué hora entramos. Lo que sí recuerdo es que, a las tres de la mañana, salimos más prendidos, que pesebre navideño. Tuvimos que llevar a Ramiro a la casa de Nohelia, porque no podía tenerse de borrachera. Allí fue el comienzo del final. Como reza el refranero. “Hasta aquí te trajo el río”

La tusa, me invadió, el vacío mental, el vacío físico, perdí el apetito y el interés por el mundo, viviente. Esa semana caminé como un sonámbulo, más dormido que despierto. Por fin llegó el sábado en la tarde. Salí sin arreglarme al villar de don Pablo, el más cercano al ISER. Allí estaba Roberto. Le pedí un préstamo pequeño. ¿Para qué? Para un aguardiente. ¡Eso compré una botella! Sí: una botella. Una botella de aguardiente; don Pablo. Dice Roberto. Enseguida. Una botella señor: dice, don Pablo. Roberto la recibió y me la paso. La destapé y le ofrecí un trago. Recibió la botella, con la falda de la camisa, limpio el pico de la botella y se tomó un trago doble. Me devolvió la botella y me dijo. Si te la tomas sin descansar, yo la pago. El desafío me sacó del letargo. Trato hecho: me llevé la botella a la boca y empecé a tomar tragos pequeños, seguidos. Un poco más de media botella y me rendí; más agotado que un chandoso en la calle buscando comida entre las canecas de la basura. Las orejas se me calentaron más que tejo esperando la arepa. Tranquilo Manuelito, ¿qué le pasa? Nada, no mejor aún ya todo termino. Al rato me echó el brazo y me acompañó a la residencia del colegio, donde vivíamos internados.

Allí en el tercer piso de los dormitorios del colegio, me dejó Roberto en la habitación que compartía con Laureano Rico. Cerré la puerta y me senté en la silla, Laureano estaba acostado descansando, ojeando un cuaderno. Me levanté, la brisa y el aguardiente extra, me marearon, me salí al mirador, coloqué las manos en la reja, y pensé en voz alta: No hay buena vista, pero la altura está buena para un salto mortal. En ese momento Laureano, me tomó del brazo y al instante se me borró el casete. Cuando recupere la memoria; estaba en una camilla, escuche voces femeninas, entre abrir los ojos y me descubrí en el hospital. Recordé mi tristeza y pensé. Esta enfermedad, no es del cuerpo, es del alma, es de amor y aquí no tienen la medicina.  El virus fue el adiós definitivo de Nohelia, luego la medicina se llama Nohelia. Y recordé un par de versos del poema de Pablo Neruda.

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido”.

Primogénita para terminar de contarle. En diciembre de 1.981 fui elegido personero, por el concejo municipal de Villanueva, con el respaldo de los cuatro concejales del grupo del entonces político conservador Oscar Martínez Salazar, liderados por el abogado Raúl Gómez Quintero y los dos concejales del grupo de exministro de gobierno Carlos Augusto Noriega, más conocido como el tigre Noriega. Don Alfonso Fuentes y Don Ramón Jiménez. 6 votos a favor y 2 en contra.

El 22 diciembre de 1.982, me case con la secretaria del colegio Eliseo Pinilla Rueda. Delia Sarmiento Mogollón. Hoy la profe. Soñamos con tener un par de hijos. Cuando quedó embarazada hicimos el primer acuerdo de pareja. Dijo ella: si nace niño yo le pongo el nombre (Juan Manuel) y me alegré. Trato hecho. Si nace niña yo le pongo el nombre. Así que el 4 de enero de 1984; en horas de la madrugada después de más de 6 horas de trabajo de parto, nació una hermosa niña, robusta y saludable. La que bautizamos con el nombre de Mónica Nohelia. Mi primogénita. Y hoy recordé otro par de versos del mismo poema de P. Neruda.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.

Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas”.

Hasta pronto primogénita, te quiero con el corazón que continúa latiendo, con la fuerza del amor.

Manuel A, Lizarazo Rodríguez.

Agrónomo de la UNAD.

 

 

Comentarios

  1. Muy de madrugada leí está extensa y bien hilvanada crónica personal del narrador.

    Una narración rica en detalles e imágenes que encantan al lector porque intenta ser un diario con anécdotas y consejos al estilo misiva para la primogénita del autor.

    Es una pieza escrita por un padre, para plasmar su huella transitoria desde el crecer, labrar el campo, ver quemar el rancho familiar hasta enamorarse del estudió y convertirse en padre. Un padre que empezó a con la suma de los años.

    Conocí al autor. Fui un guía en matemáticas. Hoy compartimos gustos. El gusto de escribir.

    Felicitaciones Manuel. Habrá que comentar en privado lo que me evoco su crónica familiar

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

El primer falso positivo, 7 agosto 2002.

Los santos inocentes.

El Mohán