El miedo es una señal de alerta
Bucaramanga, Julio 5 2021.
Mónica Noelia, Mi primogénita.
El miedo es una
señal de alerta
“La defensa de los individuos y de las
comunidades, de los árboles y de las semillas, contra el dogmatismo de las
ideas; la defensa de los ríos y los bosques contra las arrogancias del mercado
mundial”. William Ospina.
Primogénita. Anoche tintineaba el
móvil, lo tome en la mano y atisbo. Yuliana-muñeca. Mi hija quiere comunicarse,
conmigo. Deslizo mi dedo índice en la pantalla y le hablo.
Buenas noches muñeca. ¿Cuénteme hija?
Hola papá, tengo mucho miedo, me
duele mucho la espalda, siento escalofrió. Anoche Lleve a Oscar a la clínica y
quedo allí, en observación médica. Estaba lloviendo y el frio me sentó mal.
Quiero ir a la clínica, Pa.
No, hija a la clínica no. Suficiente
con uno interno. El miedo es una señal de alerta. Tranquila hija, vamos a
manejarlo con calma. Mañana temprano organice, se pone de acuerdo con su tía
Mariela. (Ella llega esta noche al apartamento) y se traslada para allá. Yo
viajo mañana, le ayudo con Luciana y Usted a descansar. Con su tía, nos
ocupamos de su atención y del tratamiento.
Pa. ¡Va a venir!
Si, hija.
Pa, me da miedo contagiarlo…
Tranquila hija. “Hierba mala no
muere”.
Pa, lo quiero mucho.
Y yo a ti, el covid_19, no es tan
mortal. Es curable, ya verás. Se quedaron cortos en su creación y la tasa de contagio
es baja. Mata es la exclusión social, la estigmatización, la indiferencia y los
errores en su manejo. De: las autoridades gubernamentales, de las instituciones
encargadas de la salud e incluso, de la organización mundial de la salud. “Después de la tempestad viene la calma”.
Ok, pa.
Hasta mañana, hija…
Hacía unos diez días, habían
diagnosticado a Oscar y Yuliana sospechosos de covid_19. Unos días antes la
Ingeniara Sonia, hermana de Oscar y su suegra. Doña Sonia, empezaron con los
primeros síntomas y fueron al médico de la familia. Ya eran cuatro (4) de los cinco
(5) miembros infectados.
Esa llamada, me golpeo muy fuerte,
angustia: era un sentimiento de tristeza. Rodaron por mis mejillas lágrimas. No
eran lágrimas de cocodrilo. Fueron lágrimas de sangre, lágrimas de solidaridad
retenidas por un instante. Mientras fingía una tranquilidad teatral; hablando
con la hija, mi muñeca. Ofreciéndole confianza y solidaridad.
Tranquilo Manuelito. Usted es la
fortaleza de esas niñas. Me dice la profe. (Mi esposa, la madre de mis hijos).
Si. Si señora. Solo que los
sentimientos llegan, no se pueden evitar y nada. Toca vivirlos. Antes que sea
muy tarde. Sentí la presencia del miedo, el que invadió a de mi muñeca. El
miedo que nos infunden los medios de comunicación masivos, para alarmar a la población;
Arrodillados al servicio de las oligarquías neoliberales, enquistadas en el
poder. Por un puñado de billetes.
En Colombia pasamos la cifra de
los cien mil muertos, por covid-19. Es la noticia repetida N veces en todos los
noticieros nacionales e internacionales. Todos los días muere gente. No ahora,
siempre han muerto. Solo que antes de declarar la pandemia. No eran noticia en
primera página. Hoy si, para justificar la pandemia. Palabreando a Hölderlin:
estar solo, muy solo y sin dioses es la muerte.
Esa noche, no logre conciliar el
sueño, “las preocupaciones nos desvelan”; solía decir mamá. La mente estaba más
activa de lo habitual. Temí al ver la muerte tan cerca de mi casa. Si. Raúl
Padilla. (Fue contratista independiente en palmas Monterey), enfermo. Lo
trasladaron de urgencia a una clínica de Bucaramanga y allí, Murió. Hace unos
pocos meses. Según las autoridades de salud de Santander. Por COVID 19.
Le dije a mi hija, que el
covid_19 no mata. Y estoy recordando que sí nos descuidamos, sí. Cumple esa
tarea. Temí al ver la muerte inseparable de la vida. Omar Enrique Ariza,
compañero de trabajo en Monterey por varios años. A quien, por coincidencia, le
terminaron el contrato laboral a término indefinido el mismo día que a mí. Viajó
a los llanos y consiguió trabajo en una empresa de palma. Un día en su trabajo. Se sintió con malestar,
fiebre, dolor de cabeza. Se trasladó a las oficinas, paso por enfermería. Lo
remetieron al médico. A los pocos días amaneció con dificultad para respirar.
De urgencia lo embarcaron en un helicóptero, directo a Bogotá, con destino a
una clínica, y allí, a ocupar una cama en la UCI.
Allí murió, no alcanzó a calentar
cama. Desapareció como en un remolino de la faz de la tierra. Hace apenas unas
tres semanas. No hubo tiempo para el velorio ni carrosa fúnebre. Les devolvieron
a sus familiares una bolsa con cenizas. La causa de muerte. El Coivid_19. Diagnosticó
la clínica. Temí por la vida de mi hija. La impresión de un sonido, me sobre
salto. Entonces me levanté. Abrí la puerta, Salí al patio y divisé por un
instante, el espacio. Vi la luna oculta
tras el horizonte, vi el inmenso cielo nublado. Y vi una sombra negra cubriendo
las vegas del río grande del Magdalena. Al unisonó, respire un aire fresco,
húmedo. Propio de este valle tropical. A la par, escuche un vallenato que
sonaba en la distancia. un vecino emparrandado al son de Diomedes Días: “se acaba la vida se acaba el misterio”.
Esa mañana amaneció nublado y con
viento suave. La profe me acompaño a la esquina de la calle 7 a esperar el bus.
Allí nos abrazamos fuerte, para despedirnos; disfrutar el momento. Nunca
sabremos cual es el último. Tomemos decisiones, en equipo profe.
Sí señor. Ya llamé a Esteban mi
hermano mayor. Él va a conseguir el dióxido de Cloro. Con eso se curó Oliva, mi
hermana menor, Camilo Díaz su esposo y su hijo tambien. Quienes dieron positivo
para covid_19. Ya están bien.
Ok, Hasta pronto profe, mira, viene
el bus.
A las 12:30 pm llegué, subí las
escaleras al apartamento 503, de la torre L, urbanización San Fermín. Luciana,
mi nieta estaba mirando por la ventana. El nono, con una sonrisa, de oreja a
oreja; como solía decir mi taita. En menos que canta un gallo, abrió la puerta,
alzo los brazos y corrió a mi encuentro.
No hubo tiempo de guardar
distancia, la alegría, el entusiasmo, la sorpresa. el encuentro con Luciana
campeona y hermosa. (Mi nieta). Con los brazos abiertos en el aire, como un
tominejo chupaflor, sostenido alrededor de una rosa. Esa imagen, me impulsó a
vivir el momento. Solté la bici, de rapidez. Y tomé la niña de la cintura, la levante
a la altura de mi cabeza; le di un beso en la frente y ella se colgó a mi
cuello. Luego, la baje despacito y volteo corriendo a la sala, repitiendo en
voz alta. El Nono, el nono. Quería compartir la alegría del encuentro. Mamá, el
nono. Con mi hija Yuliana, mi muñeca, quien está dentro del apartamento.
A las tres de la tarde, más o
menos, Sonó un teléfono. Levanté la
mirada y vi a Mariela, con el celular cerca de su oído. Mariela. Luego se
dirigió a mí. Manuel abajo esta Ángel, (mi sobrino), trae el dióxido de cloro,
que consiguió Esteban, en San Gil.
Me levante de la silla,
sobresaltado. Estaba inmerso en la última escena que me causó pánico. Hacia
menos de una hora. (Le di un suero pediátrico oral a mi hija, se tomó media
botella y le sentó mal. Mareo, náuseas, malestar). Y la mando al baño. Y allí vomitó violentamente, todo lo contenido
en el estómago.
Baje rápido, Salí y eche un vistazo,
a lado y lado de la calle y no vi, la camioneta. Escuche mi nombre.
Don Manuel.
Miro al frente. Una motocicleta
detenida, justo al frente de mí. Y montada por Ángel. Me larga una nevera
pequeña.
¿Y la camioneta?
Hoy estoy haciendo domicilios en
la moto.
Gracias Ángel.
Como está la prima.
Asustada.
Saludos, con el dióxido de cloro,
mejora, chao.
Le moví la mano derecha, mientras
se alejó. Di la vuelta y en par patadas subí.
Le suspendí los medicamentos
ordenados por el médico. Solo le deje el acetaminofén. Una pastilla, en la
mañana y otra en la tarde.
Le entregué la nevera a Mariela y
la abrió. Dos frascos con dióxido de cloro, por 250 ml. prepare, un litro de
agua con 30 ml de dióxido de cloro y llévale a Yuliana. Tomar un vaso más o
menos cada 20 minutos. Y durante 5 días. Mariela tomo una bolsa de 6 litros de
agua cristal, “El agua de vida”. Lema de la empresa que, trata, empaca y
comercializa el preciado líquido. Llena un litro y toma una jeringa de 10 ml y
le inyecta tres veces el contenido, agita la botella y se lo lleva. Le sirve un
vaso. Yuliana se sienta en el borde de la cama y toma lentamente, sorbo a sorbo
el vaso. Se lo devuelve a Mariela y le hace señas con la mano izquierda.
Mariela, sin pronunciar palabra le sirve otro vaso.
Muy bien hija, Animo. “Todo está bien en mi mundo”. De Louise
Hay. En el libro usted puede sanar su vida.
Gracias pa.
Y se recostó.
Al siguiente día (miércoles), me
levante temprano, 5 am. Silencio en el apartamento, como si estuviera en un
convento de carmelitas. Buena señal. Camine despacio hasta el cuarto que
ocupaba Yuliana, con Luciana. Abrí la puerta unos centímetros, asomé la cabeza
y observé por unos segundos. Las dos mujeres, mis dos muñecas dormías aún. Qué
bueno, renace la esperanza. Aunque la muerte, la otra cara de la vida. Es el
ultimo sueño. Salí y fui al parque. caminé por espacio de una hora. “Siempre con actitud positiva” Jorge Duque
Linares.
Al regresar al apartamento; el
silencio había desaparecido y. Allí la vida esta activa, hace varios minutos:
Mariela hace el desayuno, Yuliana está sentada en una silla, dentro de la
habitación, con la puerta abierta y Luciana está jugando con los carros del
primo; mi tocayo.
Hola Yuliana como amaneció. ¿Pudo
dormir?
Papito. Por raticos, el dolor de
espalda, no se me quita.
¿Ya se tomó el acetaminofén?
Sí señor.
¿Y el agua que le preparo Mariela?
Si pa, ya me trajo otro litro. Esa agua, la
siento caliente, como si quemara.
No se preocupe es el calor del
dióxido de cloro. Y Sentí un escalofrío que recorrió de mis pies a la cabeza. iMierda! Al recordar que el dióxido de cloro
no se debe consumir. Temí por mi decisión, temí por sus consecuencias. Mientras
hablaba con mi hija. Luciana abrazada a mi pierna, insistía en, empezar a
jugar.
Jugamos nono, jugamos nono.
Listo, Luciana campeona y
hermosa.
Había colocado una canasta, de
guardar ropa en un extremo de la sala y en el otro la tapa. Agarro la pelota,
me tomo de la mano y me llevo, hasta la canasta. Nono aquí.
Y ella se colocó delante de la
tapa con el balón en las manos. Me lanzo la bola. La atrape en el aire. Luciana se rio. Hice
varios intentos en lanzar la pelota y ella atenta y riéndose. Lance la pelota
alta y cayo detrás de ella, muy cerca de la tapa. Se dio vuelta agarro el balón
y salió corriendo. Se detuvo junto a mí.
Nono, nono. Mire, mire, en la
ventana hay un pajarito. Señalando con su mano. Simulo el engaño, me distraigo,
levanto la mirada. Ella aprovecha, mete el balón en la canasta y sale corriendo
a su puesto; gritando gol, gol…
Le lanzo el balón bajito. Le mete
las manos y suelta la risa. La felicidad de mi nieta, compartiendo con el
abuelo, un juego muy sencillo. Como si
fuera el último grito de la moda. Juego que sirvió de terapia en la recuperación
de Yuliana. Quien solo alcanzaba a observaba a su hija, desde la silla. Sana,
fuerte, activa y feliz, compartiendo un rato con el abuelo.
El desayuno está listo. Dice
Mariela. Un caldo de barbudo con papa y arepa. Yuliana, solo se tomó la mitad.
Buen comienzo, ¿le gusto? Hija.
Sí señor.
Paso el día en relativa calma. El
dolor en la espalda empezó a bajar su intensidad. En la noche. Mariela le dio
un masaje en la espalda con ungüento cien. Con un objetivo más Psicológico, que
físico. Se tomó el acetaminofén, con agua. El agua que contenía dióxido de
cloro. Con la asistencia de Mariela, Quien siempre estuvo pendiente.
Yuliana ya es hora de tomar agua.
Si tía, gracias.
“Termine molido” solía decir mi
taita, en la tarde cuando llegaba de echar azadón. Sin embargo, aunque no eche
azadón. Jugué todo el día con Luciana. Me acosté temprano con la satisfacción
del deber cumplido y, sobre todo; por los resultados de las decisiones. El miedo
es una señal de alerta. Nos avisa que algo tenemos que hacer. Y ya estaba
hecho. Caí en la cama y a los pocos
minutos quedé profundamente dormido. Un largo sueño, me acompaño hasta las
cuatro de la madrugada.
Luego de perecear un rato, entre
estiradas y vueltas en la cama. Me levanté, vestí el culote, la camiseta, las
zapatillas deportivas. Eche la bici al hombro, baje en par patadas las
escaleras, alcance la calle, e instantáneamente; monte la bici y partí con
destino a Piedecuesta. A un ritmo lento, recreativo. Y haciendo meditación en
plena actividad física. De regreso alcance una velocidad entre 45 y 50 km/hora
aprovechando el desnivel y la rueda de cantidad de vehículos que transitan por
la autopista. Cien por ciento concentrado y viviendo el momento de libertad,
que se siente en el caballito de acero. Y Recordé una frase de William Ospina.
“En algún lugar del espacio
infinito está flotando el universo”.
“El agua de vida” con dióxido de
cloro le devolvió, la tranquilidad, la salud y el bienestar físico y mental, a
Yuliana. En solo 48 horas. (Cada día tomaba dos litros de agua) Acompañada de
nebulizaciones con agua hirviendo con hojas de eucalipto.
El primero de julio. Estaba en el
mueble cuando ella, se levantó y me saludo.
Hola pa.
Buenos días hija, ¿Cómo amaneció?
Bien pa, dormí un sueño largo,
como hacía mucho no lo hacía.
Entonces vamos bien, hija.
Sí señor, mañana regreso a casa.
Ja, ja, ja, muy bien, vamos a
disfrutar hoy de tu recuperación y esperemos con calma.
Sí señor. Oscar ya le dieron
salida en la clínica.
Excelente, hija.
Si Pa; ¡ya se aplicó la segunda dosis
¡
Nada hija, me tocaba en estos
días.
Hay pa, si quiere llamo, para
saber dónde están vacunado.
Buena idea hija, timbre.
Ok.
La Vacuna.
Todos los gobiernos incluyeron en
su plan de vacunación. Dos dosis en la mayoría de las vacunas. De las cuales
solo tres están avaladas por la organización mundial de la salud (OMS). Sin embargo,
todas tienen consecuencias, en algunos casos letales con formación de trombos,
coágulos.
La inmunidad del rebaño está
lejos. La lentitud en la aplicación de la vacuna, la demanda del producto alta
y la oferta muy baja, la eficacia de la vacuna, cuestionable… Tendremos que
seguir cuidándonos y vivir el momento con intensidad; “Viviré este día como si fuera el último día de mi vida”. Og.
Mandino. Y además “Es posible que
tengamos que vivir con covid_19 durante meses o años, No se asuste. Por eso, No
arruine su vida. Aprendamos a vivir con esta realidad”. Yohan Feheem,
médico de EE UU.
Pa, a las 2,30 pm. En la facultad
de medicina de la UNAB. Floridablanca, están aplicando la segunda dosis de la
vacuna Pfizer.
Ok, muñeca gracias.
Había pensado, no aplicarme la
segunda dosis de la vacuna. Algunos estudios realizados por científicos mexicanos.
No, encuentran la formación de anticuerpos, después de la aplicación de la
segunda dosis. Además, el desarrollo de una vacuna es un proceso largo, muy
largo (alrededor de 15 años) “de ensayo error, también llamado error”. En este
caso; fue un proceso corto y acelerado, en menos que canta un gallo, esta lista
la vacuna contra el covid_19. Con otro desafío. Producir dosis para Raimundo y todo
el mundo. Y no una dosis, sino dos. Mientras continúan con el proceso: “ensayo
error”. Pero el multimillonario Bill Gates, dice en su blog personal, Gates
Notes: “hay buenas noticias en
2021” citando los avances científicos y el desarrollo y distribución de la
vacuna contra el covid_19.
Lo que no conto, el
multimillonario. Bill Gates. Que él, aprovecha el negocio para seguir amasando
su fortuna sin importar las secuelas letales de sus acciones. Y que es uno de
los depredadores más grandes del planeta tierra. Contribuyendo de forma directa
con el calentamiento global y a la presencia de enfermedades sensibles a los
cambios bruscos de temperatura. Su principal consecuencia. “Basta que algo sea nuevo para que sea vendido como
progreso”. W. Ospina.
A las 2,30 pm se detuvo el taxi,
frente a la facultad de salud de la universidad Autónoma. Bajo y entro a pasos
lentos. Observo sus instalaciones, los jardines que embellecen y le dan un
aspecto agradable y hermoso al lugar. Subo las escaleras detrás de una pareja
de viejitos. Se detienen frente a la portería y escucho: Buenas tardes. Buenas
tardes: contestan en coro el celador y un enfermero, vestido de blanco y con
doble tapaboca.
Viene a la segunda dosis.
Sí señor, responde la viejita.
Muestre el carnet. Mientras le
aplicaba espray en las manos. El funcionario recibe el documento, lo mira de
cerca, Levanta la cabeza y le habla a la mujer.
Se aplicó la primera dosis en mayo. ¿Por qué hasta ahora?
La indecisión responde el señor
que la acompaña. A mí, ya me la aplicaron. Sígame, y le hace señas con la mano,
a la mujer. Vamos a la administración y allí resolvemos si la podemos vacunar.
El celador me pidió el carnet, me
lo devolvió.
Siga señor, allá con la
secretaria.
Buenas tardes niña.
Buenas tardes.
el carnet.
Si señora.
La cédula.
Enseguida.
Cuantos años tiene.
63 y a un mes de cumplir 64.
Me entrega un formulario,
indicándome donde firmar.
Enseguida lo firmo sin leer. Ya
sé que estoy autorizando la aplicación de la segunda dosis y que las
consecuencias corren por mi cuenta. El sistema de salud se baña las manos, con
este procedimiento. Sigo a la sala de espera. Allí hay cinco funcionarios en
fila india, con equipos de cómputos y uno de pie, recibiendo el personal.
Siéntese ahí, señor, detrás de la
señora. Espere hasta que lleguen más personas. Necesitamos seis para poder
empezar.
Sí señor.
Saque el celular y tome una foto
del lugar.
Era el tercero en la fila. Al
cabo de media hora, ordenaron pasar. Una nueva entrevista.
¿Su número de cédula? ¿Cuántos años?, ha tenido covid_19?
Certificado por instituciones, no
señora. Se rio la muchacha.
Ha estado en contacto en los
últimos 15 días, con persona con covid_19.
Sí y no.
Una sola respuesta señor.
Es que ese virus no se ve, niña.
Si las pruebas realizadas en laboratorio tienen un margen de error de 50 a 50,
y la gente que lo tiene, no dice, tiene miedo. No puede contar porque lo aíslan
y se mueren, como los toches, cuando los privan de su libertad. Por tal motivo no sé, niña. Me mira con sus ojos, que difunden
sentimientos encontrados y le brillaban como, dos esmeraldas. Me coloca una
cinta en la muñeca izquierda, me devolvió los documentos y me señala con la
mano. Siga allá al fondo, señor.
Cruzo la puerta y entro al lugar.
Un salón múltiple grande. “Muy grande, grande”. Dice mi tocayo (mi nieto)
cuando ve una retroexcavadora.
Al fondo la tarima y abajo dos
enfermeras. En fila india. Espaciados a metro y medio más o menos, Cientos de
sillas. Al lado derecho casi en el centro. Dos mesas grandes, que sirven de
escritorio. Con tres funcionarios publico alrededor y encima una nevera. Al
lado izquierdo una enfermera pequeña sentada en una silla. Al lado de la mesa; Otra,
enfermera grande. Grande como un gigante. Si, grande como la gigantona que sale
en diciembre a las calles de Puerto Wilches a bailar al ritmo de la banda sonora.
De García y sus muchachos. Con un traje azul, doble tapaboca, una careta. Está
vacunado el cuarto paciente. Me siento en una silla, detrás del penúltimo… No
me di cuenta a qué hora resulte de ultimo.
La gigantona ¡oh! Digo la
enfermera, llamo a su colega, entre activa, sonriente y nerviosa, calzo los
guantes, tomo una jeringa con una mano y con la otra el frasco que contiene el
líquido con el virus. En una abrir y cerrar de ojos. Desinfecto el hombro del
paciente, e, introdujo la aguja. Ante la mirada vigilante de la otra enfermera.
Listo. Dice la grandulona y continúa: ¿usted vine con el señor? Y me señala, apuntado con el dedo índice. El
viejo sin mirar, mueve la cabeza; diciendo no. Sin dejar de apuntarme.
¿Usted está tomando fotos? Dio la
vuelta y se dirigió a la mesa, abre la nevera y coloca el frasco de la vacuna,
que tenía en la mano. En par patadas está al lado mío, en actitud amenazante.
Me asuste como niño regañado, y
con las manos en la masa. casi temblando. Vi en su mano el arma asesina, vi en sus ojos
el odio y el desprecio, vi en su actitud, al hombre de bien. Si, ese que quiere
matar a los vándalos. Sin embargo, el instinto de conservación es tan veloz
como la luz. Y siempre le gana al pensamiento. No hay tiempo de pensar en una
salida, digna. Así, rápido de un laberinto sin salida. Sin saber, que tomar
foto era un delito. Empecé a mover mis dedos sobre el celular, y pronto estuve
en el archivo. Allí seleccione las dos últimas tomas y las mande a papelera con
un clic. La imagen de dos personas con genética opuesta, desaparecieron en un
instante. Sentí un fuerte dolor. No, quizá un vacío ante la pérdida de las
fotos y al mismo tiempo un alivio, frente a la ausencia de la evidencia.
Déjame ver el celular…
Ya lo estás viendo. Le enseñe las
últimas fotos del equipo. No conforme. Estiro su enorme mano y coloco el dedo
índice en la pantalla y lo deslizo. Buscando lo imaginado. Se desinflo.
¡Pensé ¡
Dijo decepcionada, al no ver la
foto, que buscaba.
Un tanto nervioso, me corrió un
aire de tranquilidad y de venganza. En un segundo pase de la defensa al ataque.
Un poco atrevida señora, para actuar
y muy maliciosa para pensar. Sin embargo, su foto seria una buena portada, para
la revista, VEA.
Disculpe señor, pase es su turno.
Recomendaciones después de
vacunado. Por los funcionarios públicos que entregaban el carnet.
Señores la vacuna sola no
funciona al cien por ciento. Son ustedes los que deben tener cuidados: tales
como lavado de manos, guardar la distancia, usar bien el tapaboca, cuando sea
necesario. No te toques los ojos, la nariz ni la boca. En caso de que tengas
fiebre, tos, o dificultad para respirar, busca atención médica. Recuerde que la
segunda dosis no es garantía total. Le puede dar covid_19 sino se cuida. “Que
esperanzas pal que siembra cocos”. Reza el refranero.
La inmunidad del rebaño aún está
muy lejos de alcanzar. Solo se ha vacunado cerca del 10 por ciento de la
población. Frente al pico más alto de contagio en el país. La aplicación va a
paso de Yuma y así debe encarar la presencia de nuevas cepas de coronavirus en
Colombia. Anuncia Min salud.
Es Posible que demoren más de un
año para vacunar el resto de la población. Mientras tanto las multinacionales
preparan la tercera dosis. La universal. Negocio es negocio socio. “Amanecerá y
veremos”.
La lucha contra el coronavirus
debe continuar en equipo, pero en equipo familiar. Ojalá lejos de los centros
de salud. Fuera del alcance de las EPS. Y muy cerca del deporte, de las frutas
e incluso cambiando el uso del dióxido de cloro. Que ahuyento el fantasma del
coronavirus. Fue desapareciendo lentamente. Ni tan lento. Con el consumo del
agua de vida, agua potable. La alegría
de vivir, volvió a tomar fuerza en la familia. “La humanidad vivió del agua natural durante siglos.” W.
Ospina.
Oscar lo dieron de alta en la
clínica, la Ingeniera se recuperó en casa, doña Sonia esta fuera de Peligro. Y
mi muñeca con vida. El amor fortaleció los lazos familiares. Amor que disfrute
a plenitud; mientras peinaba su cabello negro, tan negro como un azabache de la
niña Luciana. Me decía.
Soy una princesa.
Si eres una princesa y el rey te
esta peinando. Vas a quedar tan linda como una rosa.
Si.
Repite con una sonrisa a flor de
labios.
Luciana. Aún no conoce el miedo,
no conoce de coronavirus, no se enteró del peligro, ni del alto riesgo que
corrió, al lado de su mamá. Solo sabe
que su mamá la adora, que su padre le ayuda armar los rompecabezas, que la
abuela Delia le da regalos, que disfruta con intensidad y el abuelo la lleva al
parque a jugar y a comer helado. Con eso motivos: Vive feliz en el presente. Así
transcurre la vida de la niña, aislada en el apartamento. Y me sentí tan feliz
como Luciana.
El movimiento inteligente, al
igual que en el juego ciencia. Cuando damos doble jaque, con caballo. Al rey y
la dama. La partida en ese momento toma ventaja. El oponente no le queda
alternativa. Su capacidad de análisis y de diseñar una jugada desaparecen. Solo
tiene que acogerse al reglamento. Y este dice: cuando el rey está en jaque. Si
y solo si debe mover el rey, para colocarlo a salvo. Luego la dama, es tomada
por el caballo. El aislamiento de Yuliana en el apartamento, con la asistencia
de una enfermera y el suministro de dióxido de cloro, resultó un jaque mate al
coronavirus. Que se había hospedado en los órganos vitales de Yuliana.
Buena alimentación: Una dieta
balanceada, que incluya frutas, verduras, legumbres y el consumo de abundante
agua potable. Además de un plan de ejercicio; contribuye aumentar las defensas,
a mantenernos fuertes, y saludables. En medio de esta pandemia que se inventó el
neoliberalismo y promueven a través de los medios masivos de comunicación. El
capitalismo salvaje, neoliberal; que domina al mundo. Y para lograrlo ordeno
encerrarnos, a aguantar hambre y de ñapa nos taparon la boca. “Creo que el mundo tendrá que vivir otra vez una profunda
alteración de los conceptos de riqueza y pobreza, a medida que los seres
humanos vayamos comprendiendo los errores de la sociedad de consumo”. W.
Ospino.
Según el diccionario de la real
academia de la lengua. Miedo: m. Angustia por un riesgo o daño real o
imaginario. En nuestro caso real y exagerado; por mi hija. Sin embargo, cuando
se sintió apoyada, con el cariño de su padre y las atenciones de la enfermera y
tía. Cambio de actitud, el miedo disminuyó y el virus en poco más de
veinticuatro horas, estaba en jaque. Y
ya se podía cantar victoria.
Un bicho, más pequeño que un
insecto. Un virus que se mata con cualquier jabón y agua. No puede ganar la
guerra.
Sábado tres de Julio.
Yulianandrea. Después del almuerzo, arregló su bolso, vistió a Luciana y se
dispuso a partir, regreso a casa.
La profe me llamó que aún no la
deje ir. Mónica Nohelia. Mi primogénita. También llamo que le impidiera partir.
Tranquila le dije a las dos. Es hora de partir. Yuliana está bien, está sana,
física y mentalmente y es libre de tomar esa decisión.
La acompañe a la calle a tomar un
taxi. En pocos minutos se detuvo uno, amarillo. Allí, justo allí. Me olvide
nuevamente del protocolo. Aquel que me había impedido abrazar a mi hija, La distancia
Social disminuyó y nos confundimos en un fuerte abrazo, prolongado en el
tiempo.
Gracias pa, por cuidarme, te
quiero mucho.
Con amor de padre, hija. Me
alegro que estés bien, con el ánimo arriba. Te debes seguir cuidando, debes
seguir tomando el agua con dióxido de cloro, por un día más. Y seguir tomando
agua potable en abundancia por un mes. Suficiente tiempo para que se vuelva hábito;
tomar agua. “El agua da vida”. Listo pa.
Subió al vehículo, le cerré la
puerta y el auto se alejó.
“Aún falta lo mejor, el final de la vida,
El motivo del principio. De Robert
Browning.
Uso del dióxido de cloro: Cuando
se le agrega al agua, mata bacterias, virus y parásitos. Sus aplicaciones
médicas: Para esterilizar equipos y herramientas. Su concentración máxima en el
agua; no debe ser mayor a 0.8 partes por millón. No cura dolencias, ni VIH, ni
malaria, ni virus. Este producto no debe suministrarse a alguien para su
consumo. Sin embargo, Reza el refranero. “Doctores tiene la santa madre
iglesia”. Y decidí: “cargar con el
mochuelo”. Le suministre a
mi hija, dióxido de cloro, en una concentración muy superior a 0.8 partes por
millón. A afortunadamente todo salió bien. “Tobo bien, todo bien”. Como dice el
pibe.
Hija te quiero con mi corazón,
que aún continúa latiendo.
Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez
Agrónomo de la UNAD.
Ingeniero Manuel. Me recree en su extensa crónica comentada
ResponderBorrarSu narración tiene la particularidad de un reportaje y una autobiografía en la que narra su experiencia como observador del contagio en una de sus hijas. A la vez que fija posiciones entorno al virus, al manejo estatal de la pandemia y justifica el uso de dióxido de cloro como medicamento curativo. Y a la sienta la tesis que el miedo nos conduce a la muerte
Desde la narrativa, debo resaltar la capacidad de enumerar detalles y no d jar al lector hacerse preguntas ni imaginarse nada.
Es un interesante testimonio familiar.