Lo espero en el Infierno
--¿Otra vez sin afeitarse? ¿Está mugroso, bailando con un palo y hablando solo, José? --Nunca estoy solo, menos hoy con fiesta municipal. Escucho música, el murmullo de Benito Malagano y el sonido de las balas -- ¡No veo nada o nadie! ¿Estas desvariando? --Yo vi como salía la sangre del pecho de Benito Malagano. --¿Qué dices, José? --Estaba tirado en el piso, revolcándose entre el polvo y balbuceando improperios y palabras que no entendí. El bullicio del tumulto desapareció. y Benito Malagano quedó mudo con el último suspiro. Sus brazos dejaron de moverse; cuando estiró las patas. Quedé paralizado del susto, solo, sentado en la canasta de la rueda, y de frente con la muerte; hasta cuando la policía llegó y el inspector hizo el levantamiento. Entonces, una mujer me tomó de la mano de repente y nos alejamos en silencio del lugar. Estaba Pensando por qué no alcancé a darle las gracias a Benito Malagano, cuando mi mamá dijo en voz baja. – “Paz e...